Lo que sólo Europe puede hacer
Por José Ramón González.
Fotos: Andy Ford.
La banda sueca Europe nunca ha grabado un álbum llevada por la rutina o como excusa para montar una gira de grandes éxitos. Lo afirmo con la seguridad que me otorga el hecho de haber seguido su carrera, con interés desde que tuve noticia de su existencia con su segundo disco Wings of tomorrow (1984) —que sigue siendo uno de mis favoritos de su trayectoria—, con cierto recelo cuando publicaron The final countdown (1986), con recuperado entusiasmo a partir de Out of this world (1988) y con fervor incondicional tras la publicación del disco que marcaría su regreso en 2004 Start from the dark, inicio de la etapa en la que han creado, en mi opinión, sus mejores y más maduras obras entre las que ocupa un lugar privilegiado en mi inventario personal Secret society, que cumple ahora veinte años. Cada uno de los títulos publicados por Europe ha sido resultado de una inquietud artística, de la necesidad de expresar algo, de una apuesta personal asumiendo el riesgo que supone alejarse de lo que se espera de ellos y de la posible decepción en sus seguidores más acomodados. Esto es algo que sus más fieles aficionados ya saben de sobra a pesar de que siga habiendo quienes los ignoran porque sus canciones tienen poco que ver con las de los años 1986 y 1988, época en la que alcanzaron popularidad universal. Pocas bandas han tenido que trabajar tanto para despegarse de la imagen que un momento de la historia grabó de ellos casi eternamente. Muchos creyeron que con aquello ya habían alcanzado la cima, pero únicamente habían conseguido ser la banda más popular del planeta. En pocas bandas hay una distancia mayor entre la imagen que el común de los mortales asocia con ellos y su auténtica identidad. Y pocas han sido tan respetuosas y congruentes con ellas mismas y con sus seguidores, sean cuales sean sus preferencias. Teniendo en cuenta esto, que no hayan publicado nada en los últimos nueve años, a excepción del single «Hold your head up» en septiembre de 2023, es una muestra de coherencia y honestidad al tiempo que motivo de preocupación. (Sinceramente, tenía la esperanza de que «Hold your head up» estuviera incluida en Come this madness, pero una vez escuchado el álbum al completo entiendo que no encajaría del todo en el conjunto). Parece que nos lean el pensamiento cuando escuchamos I’ve been missing you, el primer verso de «One on one», composición que abre el álbum.
En estos nueve años han cambiado muchas cosas en el mundo. Europe no son ajenos a ello, por lo que las sensaciones de desamparo, de derrota, de decepción, de frustración, de injusticia, y los actos de avaricia, de destrucción, de abuso o de lucha están reflejados en este álbum. En la portada del disco pueden verse algunos de esos conceptos, sus causas o consecuencias—mentiras, depresión, ignorancia, futuro, presión, insurgencia, caos— impresos en unas tiras que rodean la cabeza de alguien cuyo rostro, en un gesto que recuerda al de la mítica portada del Blackout de Scorpions, expresa la angustia o el horror. La imagen y estos conceptos bien podrían hacer pensar en un contenido musical agresivo, pesimista, oscuro o enrevesado, pero Europe han envuelto esas ideas en unas composiciones potentes, inmediatas —son unos virtuosos en este ámbito— a la vez que elaboradas, y repletas de destellos luminosos —pocos singles tan vitalistas y directos han lanzado en los últimos años como «The cult of ignorance»—. En un pequeño puente —otro recurso en la construcción de las canciones que dominan a la perfección— al final de la última canción del disco dicen: And in case you haven’t heard / There’s still some people round this place / That think there’s some good in this world. Al igual que en la portada, han envuelto en luminosa musicalidad ideas grises. Es curioso que en esta época conflictiva, frágil y amenazante que vive el mundo y la fragilidad en la que está sumida Europa, sea precisamente la banda que lleva el nombre del continente quien revele todas esas sensaciones y las vende con esta música intensa e iluminadora.
Pero Europe también han cambiado, evolucionado deberíamos decir, o quizás transformado o adaptado para seguir siendo una voz que escuchar en este mundo terrible; para que su arte signifique algo para alguien, porque indudablemente en esto también son unos maestros. Cuánto ha cambiado el mundo desde el comienzo de los años ochenta y qué extraordinariamente relevantes han sido con su música en cada uno de esos cambios; y no siempre porque hayan sabido adaptarse o encajar, sino muchas veces por todo lo contrario: por haber mantenido sus principios artísticos al margen de las modas o de las expectativas. En Come this madness han rociado sus composiciones construidas con sabia tradición clásica de melodías rayanas en la vitalidad y el optimismo, recursos que afirmaría que han utilizado contra la decepción, la tristeza y la derrota: In a world that must be broken / I see a trace of something good, se escucha en la delicada y conmovedora «This time of year». Y eso que la tristeza o la indignación atraviesan las canciones como un arroyo una aldea solitaria. Diríase que han traído al presente algunos de los rasgos que los caracterizaban en una época pasada más esperanzadora, que se recuerda generalmente como alegre y optimista, aquellos años ochenta en los que las melodías festivas, armonizadas y cuidadas transmitían entusiasmo. En concreto los coros, que Europe mantenían en segundo plano en los últimos discos o aparecían de manera discreta, aquí vuelven recuperar en algunas de las canciones un protagonismo que se agradece y transforma en viva emoción momentos clave de las canciones. De ello bien pueden servir de muestra una de las perlas del álbum, «The angels must have flown», u otra inspirada composición titulada «In a different world», que es de aquellas que se ocultan de manera moderada tras las más inmediatas pero que florece natural y enérgicamente a las pocas escuchas. En este apartado de las voces debemos resaltar las colaboraciones de invitados como la del popular Tobias Forge (Ghost) o Mikael Ǻkerfeldt (Opeth) quien le devuelve el favor a Joey Tempest por haber aportado su voz en el último trabajo de su banda, y que además se trae al guitarrista Fredrik Ǻkesson.
También creo que ha continuado el progreso de relevancia de Mic Michaeli en el sonido orgánico del conjunto, quien baña cada canción de ambiente setentero, lo que aporta a la banda una riqueza si se quiere aún mayor y una profundidad en el sonido que refuerza el empaque al que contribuye John Levén, también muy delante en la mezcla, resultado del trabajo excelente de Mike Fraser que junto a la producción de Tom Dalgety, que asimismo colabora en la composición de algunas canciones, han privilegiado el sonido de los graves, también en la percusión de Ian Haugland.
La inclusión de arreglos orquestales refuerza un dramatismo que ya está en las canciones al tiempo que eleva algunos momentos hasta un relieve difícil de explicar (el conjunto de los arreglos en general está cuidadísimo). Por ejemplo, en la citada «The angels must have flown» las melodías parecen cargarse de significado gracias a esos arreglos, de los que se encarga Michaeli.
Hablar del trabajo de Joey Tempest es llover sobre mojado, tanto a nivel compositivo (firma, como es habitual, todas las canciones junto a unos u otros miembros de la banda) como interpretativo. Está en un momento de dominio absoluto de su voz y de sus infinitas posibilidades para transmitir emociones. Otro tanto se puede decir de John Norum, quien crea unos solos encharcados en melodías tarareables, originales y delicados, u otros espoleados por un arranque de furia.
Veo en Come this madness un trabajo muy reposado, muy bien pensado, excelente en composición y magnífico en interpretación: rico, coherente, depurado y potente que recoge la exuberancia de la historia de la banda, y tan pulido que resulta imposible afirmar que falte o sobre nada. Los tres adelantos escuchados tienen el mismo efecto significativo que un tráiler de El padrino: sólo sirve para hacerse una idea muy vaga. La magnífica «Takin’ it back» aglutina en su estructura y formas los dos mundos de Europe: comienza como una composición de Wings of tomorrow por medio de esas dobles guitarras, al tiempo que podría haber encajado en el inmenso Secret society; la sección del solo de Norum inflama una de las canciones supremas del disco. La creación que cierra el álbum, «Nothin can follow this», vuelve a ser una de esas composiciones a lo «The devil sings the blues» que tan bien saben hacer, construida sobre arpegios con una tensión contenida tremendamente emocionante cuyo estribillo ya está entre lo mejor del todo el disco —o al mismo nivel, por no sonar hiperbólico—. A pesar de esto, este álbum es mucho más que sus canciones, la obra completa es mucho más extraordinaria que la suma de sus partes, cada una de las cuales por separado es atractiva pero sólo en su relación con el resto alcanzan su valor absoluto.
En la reseña dedicada a su anterior obra, Walk the Earth (2017), decía que habían vuelto a grabar su mejor disco. Con Come this madness creo que eso ya no importa. Da igual si el disco es mejor, se me antoja una taxonomía fútil. No se trata de superar nada, ni de alcanzar cimas mayores. Para esta admirable banda sueca no hay nada que hacer mejor, sino obras que profundicen en su propio arte, que muestren otras caras de su creatividad, o de hacer sencillamente lo que les dé la gana, porque probablemente va a ser algo indiscutiblemente suyo. Para nosotros es un trabajo más de Europe; algo que sólo puede hacer Europe, y eso por sí mismo es algo de un valor extraordinario.

EUROPE:
JOEY TEMPEST: Cantante
JOHN NORUM: Guitarra
MIC MICHAELI: Teclados
JOHN LEVÉN: Bajo
IAN HAUGLAND: Batería