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BOB GREENE. Billion Dollar Baby. De gira con Alice Cooper. (Es Pop ediciones, 2026)

BOB GREENE. Billion Dollar Baby. De gira con Alice Cooper. (Es Pop ediciones, 2026)

Una enorme sensación de poder

Por José Ramón González.

 

El-unico-indio-bueno-coverHan pasado cincuenta años desde que se publicara en Estados Unidos este libro, ya un clásico, del periodista del Wall Street Journal Bob Greene. Ahora nos llega en una gratificante edición de Es Pop con estupenda traducción de Óscar Palmer Yáñez. En España, la tradición de lecturas relacionadas con el mundo de la música contemporánea, y específicamente con el mundo del rock, ha sido siempre deficiente. Desde hace algunos años varias editoriales están permitiendo que tengamos acceso a muchos títulos interesantes al tiempo que rescatan otros como éste. Aun así sigo observando con envidia libros que se publican en el extranjero que difícilmente veremos por aquí. Algo es algo.

Puede que haya quien piense que las cinco décadas transcurridas desde la publicación de Billion Dollar Baby hayan repercutido en el interés que el libro pueda despertar en los aficionados. Curiosidades del paso del tiempo: a mi modo de ver, quizás precisamente eso lo convierte en mucho más atractivo hoy. Publicado en 1974, Billion Dollar Baby es la crónica que Bob Greene hace de la gira navideña que la banda Alice Cooper hace por Estados Unidos durante diciembre de 1973, tras la grabación de Muscle of love. Sin embargo, Greene no quería cubrir la gira como espectador o periodista, sino como un miembro más de la banda, participar activamente en el tour y contar desde dentro. Consigue que le permitan colaborar en la grabación de Muscle of love haciendo coros en un par de canciones y posteriormente se incorpora a la gira de Navidad desempeñando un papel cuanto menos extravagante. La parte de la grabación de Muscle of love es tremendamente atractiva para cualquier aficionado: las interminables horas dedicadas a grabar un solo estribillo, el trabajo de los productores Jack Richardson y Jack Douglas, la actitud de cada músico ante ese trabajo… Nos trasladamos a 1973 con quien vivió ese momento fascinante de la historia del rock en primera persona para que nos lo cuente desde dentro, con la ventaja que supone contar con una perspectiva como la suya, pues consigue que nos «colemos» con él. Y además prescindimos de la contaminación que supondría rememorar esos momentos desde el presente. En definitiva, disponemos de lo que podríamos llamar un documento histórico.

Pero es que además, y esto es determinante, Billion Dollar Baby no es un ensayo, es una narración en primera persona en la que predomina la perspectiva personal. Decantarse por la narración condiciona el texto, que se lee con soltura debido al dinamismo que le imprime, y le permite dibujar a los protagonistas como personajes a los que retrata siempre, o casi siempre, en su relación con él, puesto que él está dentro. La distancia que impone el punto de vista del testigo se rompe. La ventaja —inteligente propuesta de Greene— es que trabaja con ellos, se implica en cada concierto, viaja y se aloja con ellos, lo que le permite relacionarse a un nivel más personal con cada miembro de la banda, con los representantes, los promotores, los pipas, los conductores, los técnicos, los operarios que montan el escenario… Y finalmente se produce una paradoja: al «infiltrase» en su mundo para acercarse más a ellos y obtener una visión más veraz, el periodista se transforma casi en uno más de la banda, o así lo siente él, quien al finalizar la gira se encuentra ante una coyuntura que no esperaba, que lo pilla desprevenido —que no voy a desvelar— conmovedora.

Sorprende de igual modo que Bob Greene revele, muy poco después de haber tenido lugar, algunas trapacerías de los promotores de conciertos —esto no ha cambiado por muchos años que hayan pasado— que los deja en evidencia. Billion Dollar Baby es al mismo tiempo una crónica social de los primeros años setenta —y en este aspecto también resulta trágico lo poco que parecen haber cambiado las cosas— mediante la que se retrata a la sociedad norteamericana censora, espuriamente pudorosa y radicalmente conservadora que pretende imponer su criterio a golpe de prohibiciones y boicoteos, tachando a Alice Cooper como un degenerado. Aquí hace una reflexión interesante acerca de cómo EE. UU. considera héroes a los villanos porque generan emoción y entusiasmo, lo que explicaría el éxito del espectáculo de Alice Cooper considerado sórdido y violento.

En lo que respecta a la figura de Alice Cooper, el libro de Greene se erige en una revelación que oscila entre la desmitificación y la comedia. Cooper resulta ser un tipo muy alejado del estereotipo de la estrella del rock, que rechaza los excesos (excepto los alcohólicos; es muy divertida su posición cuando habla sobre las drogas como un abuelo, o como un niño, al ser tan alejada su postura de su imagen pública), no tiene relación con las groupies (en este ámbito hay momentos tronchantes como cuando se acercan varias menores a la limusina y él se refiere a ellas diciendo: mirad, ahí vienen cuarenta años de cárcel) ni sale por la noche tras el concierto ni le hace gracia participar en las fiestas a las que acuden los operarios. los músicos y las chicas. A propósito de esto, el capítulo de las groupies, que suscita tanta curiosidad en los aficionados y de la que Greene es consciente, tiene su sección dedicada en exclusiva en el capítulo dieciséis en el que se refiere a ellas como «mujeres voluntariosas». Cooper admite que él tiene que hacer un papel, que es el que al público le interesa y el que genera beneficios.

Siguiendo con Alice Cooper, éste parece más interesado en ser famoso que en el rock, de hecho afirma no querer dedicarse a la música mucho más tiempo: «No querría dedicar mi vida durante los próximos diez años a ser cantante de rock and roll» (pág. 366); está muy bien leer esto ahora; lo que le interesa en realidad es dedicarse al cine, como sabemos que intentó posteriormente. Aunque no es hasta el capítulo diecinueve que hace Greene un análisis de la personalidad de Alice Cooper, una vez que ha retratado al personaje a través de sus actos y sus palabras. Sin embargo reconoce de manera muy expresiva que cuando sale al escenario siente «una enorme sensación de poder». Según él «da igual que te odien o no. Lo único que importa es que saben quién eres».

Ir de gira con una banda de rock es vivir «al margen del resto del mundo». Greene cuenta los pormenores de la organización de una gira —muy interesante la entrevista con el road manager David Libert—, y tiene la deferencia de nombrar a los operarios (electricistas, técnicos, carpinteros, conductores…) que montan el escenario y lo desmontan en cada actuación en unos sutiles párrafos de reconocimiento. A su trabajo dedica unas páginas y a su relación con los músicos, con quienes se relacionan en igualdad, pues ellos saben que forman parte imprescindible del espectáculo y admiran y agradecen su trabajo: «Ellos también formaban parte integral del espectáculo y compartían jubilosos su éxito».

Según van avanzando las páginas —y la gira—, una sensación de rutina se va adueñando de los miembros del grupo (hotel-concierto-viaje-hotel-concierto-viaje), sin embargo el lector va aumentando su interés por conocer la próxima anécdota, el siguiente contratiempo que genera tensión e incertidumbre (fascinante la labor de Libert y del mánager Shep Gordon), algún que otro entresijo de las interioridades de la banda o por las cada vez más deterioradas relaciones entre ellos. Todo gracias a la habilidad y el talento narrativo de Greene. El autor también muestra una enorme sensibilidad y destreza al describir las sensaciones que se viven encima de un escenario y el poder de la música: es capaz de transmitir en sólo dos páginas la excitación y el impacto que supuso la aparición de The Beatles en el show de Ed Sullivan en 1964 —y mira que se ha hablado miles de veces de él—, o hace una afinadísima descripción de las sensaciones que se viven en escena (pág. 325-326). Pero es el capítulo dieciocho el que contiene, en mi opinión, las páginas más hermosas por la emotividad y la sensibilidad con las que Greene rememora su experiencia de manera personal como miembro del espectáculo a raíz del concierto de New Haven: sensaciones, emociones y reflexiones sobre un concierto de rock desde las tablas.

Por todos estos motivos Billion Dollar Baby me parece un libro tan valioso y por ello hay que agradecer a Es Pop ediciones que nos lo haya puesto en las manos. Porque el libro no sólo habla de Alice Cooper, sino del mundo del rock en todas sus dimensiones a comienzos de los años setenta, de la excitación, de la emoción, del atractivo y del misterio, además de la grandeza y del impacto social que supuso. Habla de los músicos y de los aficionados, de las esperanzas y de las frustraciones, de la fantasía y de la realidad, de los sueños; de vivir una vida alternativa, del contraste entre la imagen que se tiene de las estrellas y de su verdadera identidad, de cómo proyectamos tantas de nuestras ilusiones y nuestros desencantos en esos personajes y de cómo, por unos instantes, todo ello converge en el momento en el que suenan las primeras notas de un concierto de rock. No es tan frecuente que alguien sea capaz de expresarlo tan bien como lo hace Bob Greene en este libro. Probablemente por ello sea un clásico.

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