Disfrute adolescente de maestros
Por José Ramón González.
En el año 2000 se publicó el DVD Live from the Sun de Dokken perteneciente a la gira de Erase the Slate (1999), álbum en el que tocaba Reb Beach. Si ha habido alguien con las cualidades imprescindibles para encajar en la banda ocupando el lugar de George Lynch ése ha sido él, no sólo porque podía estar al mismo nivel sino porque nunca quiso hacer de George Lynch, podía aportar su propia energía y personalidad, tiene un estilo propio pero que pertenece a la misma escuela, con lo que se adaptaba a las antiguas composiciones a la perfección. Erase the slate es, posiblemente, el mejor que grabaron Dokken sin George Lynch —sin despreciar Long way home (2002) con John Norum, aunque sin Jeff Pilson—. En ese DVD, decía, se incluían unas pequeñas entrevistas con la banda (además de dos canciones tocadas en acústico de un modo en que jamás les había escuchado, absolutamente excepcionales). En esas piezas documentales hay dos cosas importantes: la primera, que Don y Jeff, paseando por la playa, comentan entre ellos que aún les quedan muchas cosas por hacer, que no han grabado el disco definitivo. Nunca llegaron a hacerlo, fundamentalmente porque ya lo habían hecho en al menos dos ocasiones; la segunda, muestra la pasión intensa que siente Jeff Pilson por la música, casi la misma que tenía de adolescente, «es el impulso de mi vida, algo espiritual», asegura. Jeff Pilson es música. Y ha mantenido vivo el espíritu de Dokken desde siempre. Nunca he dudado de que el guardián de buena parte de la magia de la banda era él. Así lo ha demostrado a lo largo de los años y ahora, tanto con Black Swan como con la encarnación supletoria de Dokken que es The End Machine. Esa misma pasión que ha puesto siempre en todo lo que ha hecho permanece intacta en Paralyzed. Si a eso le sumamos el magisterio que da la experiencia, la majestuosa voz e interpretación de un cantante como Robin McAuley y la implacable batería de Matt Starr, sólo nos faltan las canciones.
La primera vez que escuché el nuevo álbum de Black Swan pensé que no era tan bueno como el anterior Generation mind (2022). Después de varias escuchas empiezo a dudar de mi criterio, incluso después de escribir una primera versión de este artículo. Que no sea tan bueno no significa que no sea buenísimo, porque ciertamente creo que muy pocas bandas tienen la capacidad de hacer un hard rock tan bien tocado, con un nivel técnico tan irreprochable y con un dominio del género muy por encima de casi cualquier nombre que se me ocurra ahora mismo. Pero como decía unas líneas arriba, no han dado con las canciones. No podemos hablar de composiciones memorables en este trabajo. Quizás, si le damos la vuelta al planteamiento, el mérito podría ser doble: hacer un disco tan bueno sin que haya canciones extraordinarias. No puedo negar que disfruto el disco sin condiciones, pero admito que las canciones no me arrebatan, no me poseen, no me atrapan. Puedo recrearme sin condiciones en cada compás, en las modulaciones de la voz de Robin McAuley, en las armonías vocales tan bien ejecutadas, en las impresionantes guitarras de Reb Beach que no toca nota prescindible, en el bajo y los coros de Jeff Pilson y en la batería de Matt Starr; en los ritmos, los arreglos, las resonancias, las melodías… Todo me gusta, pero la tecla mágica de la canción memorable no ha sonado esta vez.
Para que un disco de este tipo alcance esa categoría a la que es difícil llegar es necesario que cada músico aporte lo mejor de sí mismo, y que eso mejor sea muy bueno, resultado de la experiencia, la exigencia y el buen gusto (que se tiene o no se tiene). Un género como éste es fácil hacerlo con cuatro acordes mal tocados, pero muy difícil sacar de esos acordes —y muchos más— algo de pasión y emoción. A Reb Beach, siendo el maestro que es, no le importa mutar en chispazos de George Lynch de vez en cuando (evidente en canciones como la muy dokkeniana «Death of me»). Canciones tan predecibles como «Buttered and bruised» resultarían aburridas de no contar con la voz de Robin McAuley y esas armonías tan agradables, porque estos cuatro tipos son capaces de acompañarnos por trayectos conocidos y conseguir que la atención no decaiga (a propósito, alucinante el solo de guitarra que se marca Beach, aquí y en cada una de las canciones). Imagino que Pilson, Beach, Starr y McAuley han disfrutado de lo lindo tocando y grabando estas canciones —quién pudiera verlos en directo—; eso es lo que hay en Paralyzed: cuatro músicos extraordinarios tocando como críos la música que les gusta. Puro disfrute adolescente interpretado por maestros.
Desde luego hay momentos brillantes que dan muestra de la categoría de estos músicos, como el prestribillo de «Shakedown» —una de las canciones que han terminado gustándome más— de un excelente buen gusto, la muy acertada «Paralyzed», de las más recordables del conjunto, la buena pareja que hacen la guitarra rítmica y el bajo de Pilson a lo largo de todo el álbum, de lo más disfrutable y donde se aprecian detalles nuevos cada vez que se escucha el álbum. Ello contrasta con el perezoso estribillo de «I’m ready» o la poco sorprendente «Carry on», a pesar de la excelente sección instrumental. Por otro lado, «What the future holds» que cierra el disco, es de las más interesante para mi gusto.
A pesar de los peros que he expuesto, vuelvo a escuchar el disco una y otra vez, y vuelvo a disfrutarlo, también, como un adolescente.

BLACK SWAN:
ROBIN MCAULEY: Cantante
REB BEACH: Guitarra
JEFF PILSON: Bajo
MATT STARR: Batería