En el espacio serio del metal
Por José Ramón González.
Hay una vertiente del heavy metal o hard rock en España que tiene que ver con unas maneras bastante reconocibles de composición e instrumentación: combina el heavy clásico con influencias de los noventa y posteriores envueltos en una teatralidad dramática, con letras que desarrollan historias trágicas, hiperrománticas, o de una introspección psicológica digna de las terapias más serias. Diría que en sus formas se sitúa en algún lugar entre Alter Bridge y Coheed & Cambria, para que se hagan una idea. Otras veces se lanzan mensajes positivos de reivindicación personal, de superación. Se localiza en el hemisferio opuesto al del sexo, fiesta y rock & roll. Habitaríamos el espacio serio del metal.
Con De mi corazón y otras miserias, Adventus eleva ese planteamiento a la séptima potencia con un álbum de una intensidad a veces apabullante, que consigue transmitir un torrente de emociones que empapa al oyente —lo deja como si lo hubiese atravesado Moquete en Los cazafantasmas—, al igual que la sangre atraviesa, llena de vida, las canciones en las que el corazón palpita ansioso por seguir bombeando. (Hay que sujetar las riendas para no ponerse trascendental…). Sin embargo e indudablemente, estamos ante un álbum que ofrece el mejor metal moderno que se ha podido escuchar en los últimos años, con unas letras que consiguen emocionar cuando se va conectando con su sentido profundo, acorazadas por unas melodías que llegan de manera inmediata y la contundencia de una instrumentación impecable. A estos logros contribuye de un modo decisivo ese cantante único que es Ramón Lage; porque todo lo que canta Ramón siempre es mejor. Es un pozo del que no para de manar potencia, intensidad, emoción y sorpresas. Me parece percibir que en este álbum sitúa a veces la voz en sitios en los que nunca la había escuchado, o al menos no de la manera en la que lo hace en esta obra. El dramatismo de las composiciones, como decía, conduce al intimismo que facilita la introspección, y en ella se zambulle el cantante, en los contrastes entre la vitalidad y la derrota, lo luminoso y lo oscuro, la esperanza y la desesperación, el castigo y la aceptación, modulando su voz para expresar todas esas contradicciones tan propias del ser humano.
Lage es el último fichaje de Manuel Ramil para una banda que se ha visto renovada recientemente; creo que la entrada de Ramón ha sido definitiva para alcanzar un resultado tan brillante como el que ofrece este álbum (teniendo en cuenta que el anterior, Lo que trajo el viento, cantado por Diego Valdez y que en éste parece darle el relevo a Lage en un dueto en la canción «Nada a favor», también era bueno). Las melodías de cada una de las composiciones, cuidadísimas, seducen de un modo taumatúrgico, cautivan poco a poco, no inmediatamente, porque su atracción no se produce por impacto sino por descubrimiento, y casi drogado entre las potentes guitarras de Dani Arcos, con efectos que prácticamente reproducen quejidos, y los teclados de Manuel Ramil que tejen la sustancia emocional que completan de manera imprescindible Fernando Mainer (qué sería de la magnífica «Inspiración» sin la tensión y elegancia de su bajo) y el muy versátil Nacho Arriaga, que le ha dado —y bien— a multitud de subgéneros. No faltan las partes instrumentales en las que guitarra y teclados entretejen diálogos y dúos que hacen vibrar las canciones en su aspecto técnico.
El álbum está tan bien planteado que es difícil no escucharlo de principio a fin, cada una de las veces que uno lo pone, su coherencia interna es fantástica. Tanto es así que quizás hay momentos en los que es excesivamente homogéneo en algunas estructuras y melodías. Algo que también podría interpretarse como un logro y que contribuye a esa consistencia musical. Me atrevería a decir que De mi corazón y otras miserias es todo una gran canción, como una vida, como una película que no se entiende si sólo se contemplan algunas partes de ella. Hay que dejarse atrapar, hundirse, entregarse.
Si de esa película tuviese que hacer un tráiler elegiría «Esencia». Ideal.

ADVENTUS:
MANUEL RAMIL: Teclados
FERNANDO MAINER: Bajo
DANI ARCOS: Guitarra
NACHO ARRIAGA: Batería
RAMÓN LAGE: Cantante