Es una película
Por José Ramón González.
He estado escuchando Panorama durante las últimas semanas (no todos los días a todas las horas, se entiende), y he decidido que Panorama no es un disco, es una película. Su sinopsis podría ser:
Una banda enigmática proveniente de Suecia formada por cinco músicos asombrosos que delinean con sus creaciones los contornos de una realidad caótica, inexplicable, incomprensible, repleta de contradicciones que se mezclan, se combinan y se confunden; se atraen y se repelen, se desprecian y se necesitan, se enfrentan a un panorama mundial, universal, que comporta fealdad y belleza, velocidad y calma, crueldad y compasión.
Todos esos aspectos están recogidos en el nuevo álbum de la banda sueca Hällas, un grupo de músicos que ha estado orbitando alrededor de nuestros intereses pero han permanecido ocultos a los ojos y oídos de este redactor hasta hace relativamente poco. Para mí están envueltos en un halo de misterio, y me gusta que sea así. Su música invita a coquetear con la idea de que podría ser una banda desaparecida en 1978 y sus discos sean como las películas de metraje encontrado. Ellos cultivan esa imagen con la suya propia y, por descontado, con su música, una propuesta de rock psicodélico, progresivo, heavy metal…
Para enfrentarse al complejo desafío que se les plantea, deben utilizar sus recursos más refinados, aquellos que dominan mejor, y combinarlos del modo más eficiente. Una aventura extraordinaria exige medidas extraordinarias.
Reflejar nuestra realidad caótica requiere tomar distancia y crear un mundo ficcional, y combinar los mismos elementos que la conforman, crear un lienzo en el que aparezcan todos ellos. Sin embargo, eso conlleva el riesgo de que el resultado pueda devenir igualmente confuso, desordenado. Una de las grandes virtudes de Panorama es haber logrado amasar esa confusión y haberla transformado en armonía.
No son pocos los riesgos a los que se enfrentan nuestros protagonistas, pero ellos no tienen miedo, saben lo que es el peligro, les atraen las aventuras.
Presentan una primera composición, «Above the continuum», de más de veintiún minutos de duración, en la que cabe todo (y que se hace corta). Diferentes variaciones, cambios de tono, estilo, géneros, ritmo, texturas, pero en la que incorporan una línea melódica, un leitmotiv, al que regresan periódicamente, como la melodía central de una película, y que sirve de asidero al oyente para familiarizarse con una creación riquísima, compleja, soberbia. Esa melodía, esa maravillosa melodía, se va pegando a la garganta, anida en el cerebro y pía, como un jilguero, a lo largo de todo el día (tatatá, tatá, tatááááá). En «Above the continuum» podemos viajar desde el techno pop hasta el heavy metal, pasando por Jethro Tull, Genesis, Yes…
Habrá momentos de felicidad, de suspense, de drama y de acción. A pesar de las adversidades son conscientes de que tienen que cumplir su propósito, alcanzar su destino. Nada los detendrá. Juntos. Deben descubrir quién es amigo y quién enemigo. Aquellos con los que se topen en su camino pueden ser su salvación o su condena. No pueden confiar en nadie, sólo se tienen a ellos mismos. Pero no siempre es posible depender exclusivamente de uno.
Hällas no es una banda en la que se reserve un espacio para las individualidades, es la deslumbrante armonía de sus miembros lo que proporciona un resultado como el que logran: unas composiciones contundentes, sólidas, aunque al mismo tiempo flexibles. En «Face of an angel» hay algo de The Night Flight Orchestra en esos ritmos juguetones, tarareables, desenfafados, un algo de glam rock, pero bajo cuya engañosa simplicidad y reiteración emergen unas sensaciones perturbadoras, oscuras, desasosegantes («Face of an angel… with the devil’s blood»).
Son hijos de una estirpe sagrada, descendientes de los grandes dioses que han sembrado la tierra con su sabiduría. Los descubrimientos y creaciones que han legado a la humanidad deben seguir vivos. Sus hijos tienen esa responsabilidad. La humanidad depende de ellos para que lo que los dioses nos ofrecieron no se pierda en el olvido de los tiempos.
«The emissary» contiene todas las trazas de sus antecesores: Deep Purple, Thin Lizzy, Wishbone Ash. En su interior una historia enigmática y épica. Hard rock setentero con guitarras dobles y melodías que se desparraman a lo largo de la composición.
No faltarán los instantes en los que los protagonistas se sientan solos, en los que la derrota, la fatiga, la tentación de la rendición pellizque los corazones. Esos instantes en los que sienten que detrás de la línea del horizonte el sol no va a volver a aparecer…
El momento del reposo lo ofrece «Bestiaus». Es una composición que tiende a percibirse como menor, como un interludio cinematográfico que sirve de descanso y preparación para el emocionante final. A pesar de ello contiene un hechizo que se va apoderando de los sentidos del receptor que termina situándola al mismo nivel que el resto y en equilibrio con él.
Nuestros héroes llegarán al final, cansados, pero con la fuerza de sus dioses inyectada en el alma. Sacarán fuerzas de flaqueza («wander on, wander on») y alcanzarán la cima, que es su destino. Dependemos de ellos, y ellos lo saben.
El épico final, que podría ser otra película en sí misma, es la canción «At the summit». Comienza con unos tonos folk propios de Led Zeppelin, continúa con la inspiración musical de Uriah Heep, uno de sus dioses más importantes, y termina con un saludo respetuoso a Kansas. El viaje ha concluido. Los dioses pueden estar orgullosos de sus hijos.
At the Summit we shall reunite.

HÄLLAS:
TOMMY ALEXANDERSSON: Cantante, bajo
RICKARD SWAHN: Guitarra
MARCUS PETERSSON: Guitarra
NICKLAS MALMQVIST: Teclados
KASPER ERIKSSON: Batería