Por José Ramón González.
La discreción y la humildad de Carlos Álvarez parecen no corresponderse con las dimensiones exuberantes de su obra, un primer disco en solitario repleto de riqueza, arreglos a porrillo, detalles de orfebrería artística que completan un trabajo extraordinario. Cuando se lo tiene enfrente uno va aguzando la vista y el oído tratando de detectar los detalles expresivos que revelen al artista enorme, la cabeza que trama esas composiciones complejísimas.
Aunque los astros (y no me refiero a él ni a mí, especialmente a mí) parecían haberse confabulado para entorpecer el encuentro, conseguimos reunirnos el pasado 6 de febrero en un antiguo local madrileño para saborear algunas dulzuras. El local estaba en la honda del nuevo disco de Carlos; rebosante y chispeante. Afortunadamente no hay fotografías de nata escurriendo por el bello facial ni chocolate perfilando los morros sonrientes del que estaba enfrente.
Carlos nos endulzó la tarde con la generosidad de sus respuestas, su honestidad y sinceridad. No hubo más que ponerse frente a él y dejarle hablar para disfrutar de un rato fantástico con un músico que expone sus reflexiones sobre el mundo del arte y su proceso creativo.
Quería empezar preguntándote si en estos últimos años has tenido que escuchar eso de que «has olvidado cuál es tu don».
Eh… jajaja… buah, pues no. Te lo dices tú a ti mismo. De repente, cuando intentas manejarte en la vida adulta, porque hay que subsistir y tal, y te ves en situaciones en las que no te manejas muy bien, bueno, pues como que se te olvida que a lo mejor donde más cómodo está uno o donde más fluyes es en la cosa creativa. Recuerdo momentos, que todavía lo hago porque trabajo de técnico de sonido mucho, y a veces voy con una orquesta de baile, y te ves a las cinco de la mañana rodeado de gente alcoholizada…jaja. Y cuanta más edad tienes más te cuesta digerirlo. Y luego también, la canción de la que viene esta frase, viene de la cosa esta de así que ¿eres músico? Pero entonces, ¿cuál es tu trabajo?
Eso, eso, mira algo que te iba a preguntar: Músico ya no es una profesión ¿no?
Claro, ya es como bien, vale, eso es lo de broma, ¿qué es lo de en serio? Digo… sí, soy autónomo y soy músico. Que luego hago muchas cosas. No sólo es tocar: toco, grabo a gente, de técnico de sonido…
Estuviste o estás con Sole Jiménez, te vi en un programa en la televisión.
¿Sí? Ostras, qué bueno. Sí, sí, eso me salió después de la pandemia.
Y cuando estás con la orquesta y te ves en situaciones como las que me contabas, qué piensas.
Pues no lo sé, está bien, es que es curro. Como todo el mundo, tienes que ganar dinero. Sí que es verdad que hace cinco años me parecía divertido, lo disfrutaba, y ahora me está empezando a costar. Por cosas como que en los paradores de fiestas, lo de la ley antitabaco se lo pasan por el forro, todo el mundo fuma como un carretero y de forma involuntaria te acabas fumando un paquete de tabaco. Y luego que veo el ambiente, y nos pasamos… Tú estás ahí sobrio, pendiente de que la guitarra suene a su volumen y de repente ves el nivel de ebriedad que hay allí y ves la decadencia de Occidente en directo.
A pesar de todo esto, ¿qué es lo que te sigue atrayendo irresistiblemente del mundo de la música y qué es lo que más detestas?
Lo que más me gusta es la parte lúdica, sobre todo cuando tocas y cuando compones. Es como que te olvidas de quién eres, de que eres un ser humano, y que tienes problemas o pasiones o lo que sea. Que es lo mismo que lo que experimentas con los videojuegos. Con los años le he pillado el gusto a que es una manera de compartir, que eso es algo de lo que yo nunca había sido consciente. Antes de tener grupos yo tocaba en mi cuarto, era algo muy para mí. Con los años he ido descubriendo que si lo compartes gana mucho, ya sea tocando con otra gente o tocando para otra gente, gente que cuando te escucha se va mejor, algo que yo también he experimentado como aficionado. Son cosas que he ido racionalizando en los últimos años, antes disfrutaba más la parte lúdica: hago música porque es lo que más me hace disfrutar, sin pensar si a alguien le puede servir de algo. Hay que gente que ve en la música una manera de comunicarse, de relacionarse, de divertirse, y hay gente que llega a la música por todo lo contrario, porque es una manera de convertir el estar tú solo en una cosa gourmet. Pero las dos cosas son verdad.
¿Y qué detesto? Yo, toda la parte de la megaexposición de las redes sociales y tal, sobre todo. Por un lado me gusta, porque hay un punto de mí al que le gusta dar la nota, dentro de que soy introvertido, pero cuando me caliento sí que me gusta ponerme un poco folclórico. Pero la parte esta de tener que estar pendiente de los seguidores, Instagram y tal, me embajona un poco. Y luego la parte como más egoica de la música. En el momento en que te expones hay una cosa de vulnerabilidad terrible. A mí no me gusta depender de lo que opinen los demás, y con la música estás jodido. Por eso siempre he sido muy hermético, siempre que compongo algo o hago algo no se lo suelo enseñar a nadie, siempre me guardo ese momento hasta que es inevitable, porque soy muy susceptible. No es que lo odie de la música, son más cosas que me pasan a mí. Si haces música es para compartirla.
Claro, es que si te la guardas para ti… Tiene que llegar un momento en el que pienses si eso le gustará a alguien.
Lo piensas, pero como te aterroriza ese momento de exposición y vulnerabilidad lo postergas hasta el último momento.

Durante el proceso creativo, desde que hay una idea en tu cabeza hasta que se transforma en la canción que escuchamos, ¿hay mucha diferencia o transformación desde una hasta la otra? ¿Cómo consigues que se acerque o hay muchos cambios?
Esa es buena. Mira, con los años suele haber más movimiento de lo que hay en mi cabeza a lo que acaba siendo la final, pero por mi naturaleza soy de que fuerce la canción hasta que es como la tengo en mi cabeza. Y ahora funciona un poco diferente.
Con la cantidad de arreglos que llevan…
Hay mucha cabeza pero también hay un poco de bueno, de ir viendo sobre la marcha, de empezar con una concepción y a lo mejor un día la tocas con la guitarra en lugar de con el piano y se te ocurre que a lo mejor con otro ritmo puede molar más. Sí que hay una imagen en la cabeza pero por el camino se va amoldando.
Excepto el bajo y la batería, el resto de instrumentos los tocas tú todos.
Quitando bajo, batería y colaboraciones que hay como lo de las cuerdas…
Que esas quedan superchulas…
Sí, lo de las cuerdas de verdad es que es una pasada, eso enseguida te arregla el asunto mucho. También hay unos coros tipo góspel, y luego Jorge Valls que grabó unas voces extra adicionales para los coros. Y Víctor Malasombra, que es un amigo mío, muy buen guitarrista, el solo de «Justo ahí» es un pique, porque la canción estaba concebida para dos guitarras. Pero el resto sí, teclados, guitarras y voces las hago yo y Adrián [Picazo] bajo y Pedro [Corral] batería. ¿Qué pasa? que yo en las demos que grabo ya grabo el bajo, grabo la batería, así que ya vengo con eso, y luego ya que ellos se lo lleven al terreno que quieran. Pero yo sí que tengo esa cosa de que cuando hago una canción para mí es como pintar el cuadro entero, no es ey chicos, tengo esto…
A ver qué hacéis… No, tiene que ser lo más parecido a lo que…
Sí, luego que vaya adonde vaya, pero sí que es verdad que es mi manera de hacer, no sé, lo veo como una película, tienes la idea en la cabeza y también me divierto mucho pensando todas las partes, es como que no lo puedo evitar. El disco está grabado dos veces, una vez todo por mí jaja para las demos y luego otra vez yo regrabé lo mío bien grabado, con amplis, el piano de verdad, el hammond de verdad, y Pedro y Adrián batería y bajo.
¿En qué momento decidiste que ibas a hacer un disco? ¿O no hubo ese momento?
Yo creo que lo de que iba a hacer un disco lo llevo pensando desde siempre. Quería hacer un disco más beatleiano. Ya en la época de Dry River. Como yo abandoné el grupo y tal, y luego vino la pandemia… Por esa época me grababa versiones para ir haciendo cosas y tal… Pensé que en ese momento era un buen momento para intentarlo. No sabía por dónde iba a acabar tirando, pero sí que sabía lo que quería hacer.
En la pandemia empecé a escribir canciones. También te tengo que decir que hay canciones que son de hace años. Por ejemplo, la que abre el disco, «Big Bang», es de la época de 2038, cuando ya lo estábamos acabando de grabar. Me acuerdo de que le dije a Ángel [Belinchón]: oye, que se me ha ocurrido esto, lo podríamos poner de intro. Pero ya era como… el disco ya estaba acabado y no procedía mucho. Y lo dejamos ahí. La música la cambié pero la letra es de 2017, tenía la demo hecha. Pero lo gordo fue en la pandemia. Ahí de repente, que paró toda la actividad que tenía y me vi en casa con todo el tiempo del mundo, pues empecé a escribir, hice muchas letras en esa época. La mayoría de las letras salen de ahí.
O sea, ¿escribes la letra sin pensar en la música que la va a acompañar?
No, bueno, a lo mejor tenía la melodía con el piano muy básico. Es que cuando pienso en la música pienso en todos los arreglos.
No querría estar dentro de tu cabeza.
No, no, no… A partir de que se acabó lo de la pandemia empecé a grabar demos, pero me empezó a salir curro, que si lo de Sole Jiménez, luego también grabaciones, que me monté un estudio y empecé a hacer grabaciones, producciones para otros grupos y tal y llegó un momento en que ya dije, paro y me pongo a grabar esto, que fue en otoño de 2023, que empezamos a grabar y en junio de 2024 acabamos. Y luego entre pitos y flautas, que si la portada, que si videoclips, que si no sé qué, ya nos fuimos a noviembre, pero como pasó esto de la dana no me veía yo saliendo a vender la moto. El ambiente era muy jodido, todos teníamos algún conocido…
Y una vez que lo has terminado, qué sensaciones tienes, cómo te quedas.
Pues la verdad que muy bien, la verdad que muy contento, porque lo escucho y me gusta.
¿Lo vuelves a escuchar después de haberlo terminado?
Sí, sí. Sí que llega un momento en que, me pasa con los discos, que les cojo un poco de manía, ya me canso. Pero estoy en esa época en que lo escucho, porque también me lo tengo que aprender para tocarlo.
¿Cuándo vas a tocar?
Pues mira, estoy ahora intentando cerrar una presentación en junio…
¿No es muy tarde?
Claro, pero es que esto es como la Seguridad Social, hay que pedirlo un año antes. Es terrible. Para aquí, para Madrid, a ver si antes de que acabe 2025 lo puedo hacer. Está la cosa terrible.
¿Por las salas?
Sí, porque ya tienen la agenda llena. Se ve que hay mucha demanda y está todo cogido. En Castellón me daban mayo/junio en un teatro que lo quiero hacer, pero va a tener que ser en jueves, si no me tengo que ir a octubre.
Entonces, tenías pensado Castellón en junio…
…uno en Valencia y otro en Madrid, y luego lo que vaya surgiendo. Con la idea esa de prepararme el directo, que también es algo que me gusta más lo de grabar el disco que ir al directo…

Que vas a necesitar varios Carlos Álvarez.
Sí, la idea es una banda de cinco.
Teniendo en cuenta las fechas de las que me hablas para los conciertos, ¿sabes con qué gente puedes contar con tanta antelación?
Sí, sí, sí, más o menos está claro. Pedro y Adrián seguro, y luego dos personas más. Con ganas de ensayar y tirarme al ruedo, que ya te digo me da respeto, es un reto.
Claro, ahora tienes que ser el frontman.
A mí me va más cómodo que hable otro y yo ir diciendo alguna cosita jajaja.
Seguro que no estás de acuerdo, pero yo te veo muy Elton John.
Con el piano, ya, ya. Me lo ha dicho más gente ¿eh?
Me encanta Elton John ¿eh?
Mola mucho, sí. El Goodbye Yellow Brick Road, ese disco es increíble. Ahí está el «Funeral for a friend», que Dream Theater hicieron una versión. Ese disco es brutal. Ahí tiene unos cuantos.
El Tumbleweed…
…connection, es así más country. Ese es increíble. Ahí Elton John cantaba agudo. Se ve que tuvo una movida en las cuerdas vocales. Sí, después de una gira del 86 y tal, aparrte de que la cosa de los cuidados vocales no se llevaba. Ahora los cantantes se cuidan muchísimo. Entonces los cantantes eran unos kamikazes, y se reventaban la voz. Por eso éste tuvo problemas serios, se ve que tuvo una intervención, y por eso a finales de los ochenta, cuando empezó a salir con el birrete, «Sacrifice» y estos temas…
A mí esa época ya no me gusta tanto…
Claro, eso es ya los teclados ochenteros… claro. Ahí ya cantaba más grave. Que luego vino lo de El rey león.
Esa banda sonora está muy guay.
Hombre, el «Can you feel the love tonight», eso es un temazo.
Pues yo te veo un poco así. A lo mejor tú no te identificas con eso.
Sí, sí, sí, lo he pensado. Yo de hecho, siempre que he cantado en conciertos ha sido tocando el piano. Porque en un grupo de versiones con el que voy, que me canto alguna de Queen, ahí toco el piano, es como que me resulta más cómodo, estás más protegido.
Jajaja.
Pero claro, sí, que tocaré guitarra y piano, pero que no lo tengo decidido, ahora que me dices eso. Sí, pero no eres el primero que me lo dice. Pero llevaré a una persona que esté siempre con pianos y otra que esté siempre con guitarras. Dependiendo del tema. Con ganas, pero con respeto. Lo de los bolos…, no, o sea, lo disfruto pero he perdido fuelle, y menos tocando con una movida que es tu cosa, que a mí me cambia mucho la perspectiva. Para bien y para mal lo disfrutas y lo sufres más. Y yo, la verdad es que soy sufridor para esas cosas, y los directos me desestabilizan un poco. Si va bien, luego hay resaca emocional, y son muchas cosas en la cabeza. Si tengo muchas cosas entre manos me disperso mucho. Es como que cuando subo de revoluciones, me manejo mejor cuando la cosa va despacito y sólo estoy centrado en una cosa, componiendo, que cuando el asunto es estar pendiente de muchas cosas, que me saca un poco de mi centro.
Te veo muy controlador en eso ¿no?
Sí, sí, me cuesta soltar el control creativo.
¿Y en directo?
También. Soy muy detallista, de que todo salga bien.
Sale el técnico de sonido.
Claro, sí. Es como esa cabeza así más de productor. En el estudio mola mucho porque puedes repetir, y entonces al final todo queda para que sea como el dibujo que tienes en la cabeza, pero el directo es otra movida. Y yo estoy más cómodo en la otra, en la que al final la cosa artística queda exactamente como querías. En directo es otra energía, y cuando es algo mío tengo esa cosa, para bien y para mal. Es un arma de doble filo, está guay porque te lo curras mucho y por otro lado está mal porque no lo puedes disfrutar como deberías.
En un disco como el tuyo en el que hay tantos arreglos, habrá gente que diga que eso es imposible llevarlo al directo, pero es que el directo es otra cosa.
Es otra cosa.
Hay aficionados que valoran mucho que el directo suene igual que el disco. Ya, pero es que el disco es una cosa y el directo es otra.
Es que el disco ya lo tienes.
A mí me gusta que cambien cosas en el directo.
Exacto. Eso es guay. Es un terreno para abrir y que pasen otro tipo de cosas. Cuando te digo que todo esté guay, más que se parezca mucho al disco me refiero a que la parte que tienes que tocar te salga guay, que no pinches en esa nota… Puede pasar que de repente un pasaje que lo tienes supercontrolado, pues te equivoques en una nota, y esa nota te joda un minuto del bolo, que estés pensando por dentro, no cabreado pero que te pongas triste y tardes un minuto en recuperarte. A mí eso me ha pasado, pero cada vez me pasa menos también.
Eres muy perfeccionista. Nosotros muchas veces no lo notamos, pero cuando me doy cuenta hasta me gusta, es algo que está vivo, no es perfecto.
Con los años uno se va relajando, la verdad.

No tener una rutina de conciertos también influye en todo esto ¿no? Te puede limitar ir aprendiendo de los bolos anteriores.
El no tener conciertos seguidos hace que cada concierto sea algo muy chulo, algo novedoso, que ocurre de manera extraordinaria.
Es más ilusionante.
Es ilusionante. Porque a mí otra cosa que me pasa es que cuando tengo muchos conciertos seguidos haciendo lo mismo, a mí me empieza a cansar, me empieza a resultar repetitivo, menos estimulante, porque al final entras en modo repetición, y pierde esa magia. Si los tienes más espaciados, está esa adrenalina, el no saber qué va a pasar…
En ese momento pensé en esos artistas, músicos que llevan décadas cantando algunas de las canciones con las que se hicieron populares y que, quizás, ya están en la memoria cultural colectiva de millones de personas. Cuando llevan cuarenta años tocando esas canciones ¿qué piensan? ¿Cómo pueden conseguir conectar con las sensaciones originales, puras de esas canciones al volver a tocarlas después de miles de veces, repitiendo el ritual década tras década.
Carlos me comenta que algunos seguirán emocionados y agradecidos de poder seguir viviendo la comunión con el público con esas canciones, o esa canción que todo el mundo espera volver a escuchar en directo, y que otros seguramente estarán pensando mientras tocan en lo que tienen que comprar en el supermercado al día siguiente.
Carlos añade:
También te digo que lo que he podido vivir yo de bolos, con Dry River, que viene mucha gente, que se sabe las canciones y tal…, o sea, eso puede con todo. De repente te olvidas de que llevas mucho tiempo tocándolas.
¿Qué es lo que más te agradaría que alguien dijese después de escuchar tu disco?
Buah, pues, que esas canciones le hacen mejor la vida. Eso es lo mejor que te pueden decir. Que sirve para algo. Que lo que tú haces para disfrutar de la vida a otros les sea de utilidad. Que te digan: me he puesto tu disco y ahora estoy mejor.
Precisamente creo, relacionado con esto, que es lo que se está perdiendo ahora. La música se está transformando en algo superficial, pero es que es algo muy importante: una canción le puede cambiar la vida a alguien, o un disco puede mejorarle el día…
Y aparte es que la música es sanadora, de una manera real. De toda la vida el canto, o la manera en la que se pudiese hacer música, se utilizaba para que la gente estuviera mejor. Entonces, es que la música tiene eso. Entiendo que cuanto más amor se le ponga más potente será el efecto, o no, no lo sé.
Cuando dices lo de la música hoy en día yo siempre pienso en el mainstream. Es verdad que se está haciendo música muy buena, pero lo que llega al gran público, ostras, hay cosas que…, que son, no sé cuál es la palabra, pero que no las han hecho con mucho mimo, me da a mí esa sensación. Y al margen del estilo. Seguro que hay cosas de música moderna que están muy bien, pero lo que escuchas que está en todos los sitios se ve que sigue unos patrones como lo que sería la comida rápida. Eso estimula cosas más primarias de la persona, por las dinámicas que está tomando el mundo moderno jaja en el que cuesta más poner la atención en una cosa… Incluso a los que nos gusta escuchar un disco entero ahora nos cuesta más, pero yo siempre he sido de escuchar discos de arriba abajo, de ponerme los cascos y estar ahí escuchando todos los detalles… y es que eso es, eso es un nivel de placer muy grande que no tienes escuchando música de fondo, que está ahí dándole para acompañar, o un baile. Es otra experiencia. Y eso claro, hubo un momento en que parecía que eso estaba como en el mainstream, porque en los setenta los discos que estaban de moda, eso era acojonante, era música como muy intensa y la gente se lo oía, y era a ver qué locura ha hecho Pink Floyd en su nuevo disco, y la gente se lo escuchaba y se hacía el ritual. Eso era guay porque la gente se beneficiaba de eso, ahora es como una práctica más de nicho. Pero es que es una experiencia acojonante, por eso digo que es una pena que mucha gente se pierda eso, pues escucharse un disco como el Abbey Road de los Beatles, que a mí es un disco que me encanta, escucharlo con detalle, estarse una hora ahí con la atención en eso, es muy orgásmico.
Que tampoco es lo mismo escuchar una canción suelta que dentro del conjunto del álbum. ¿Tú has pensado mucho en el orden de las canciones en tu disco?
Sí, porque sí que me gusta como ver el dibujito general y me gusta que haya como ondulación, ahora algo más rapidito, ahora bajamos la intensidad. Y también con las letras, que tenga un poco de contraste y, aunque no se a algo conceptual, que tenga sentido narrativo. Por eso me gusta que el disco acabe con «Déjalo», que es una canción optimista, como de convertir las hostias de la vida en algo para tomar un camino con más criterio o convertirlo en algo positivo.
Después de haber empezado la segunda cara del vinilo con «2024» terminas con esa y entiendes el sentido. Si no, eso que comentas de terminar de manera más optimista te lo pierdes.
Claro, exacto, claro, claro. A mí me gusta pensar en el disco, no en canciones.
Imagínate que alguien no hubiese escuchado nada tuyo y tuvieses que elegir una canción tuya que le permitiese hacerse una idea de lo que es tu música, una que te representase de la manera más fiel posible.
Buah, pues no sé qué decirte. Es curioso, porque a ti es la que menos te gusta del disco, que es «Cosas de la edad». A mí es de las canciones que he hecho en mi vida que siempre me gusta volver a escuchar, por la razón que sea siempre me la vuelvo a poner.
¿Ésa es la que le dirías que escuchara?
Ésa quizás es la que más revisito de este disco, pero quizá no sería… Igual «Más allá», porque tiene mucha variedad, los dos mundos por los que me muevo. Tiene esa cosa más beatleiana, más pop rock de los sesenta, y esa cosa más progresiva, como que representa bien todo el espectro. Tiene una parte más bluesera, otra parte más sinfónica en el medio, y a la vez suena directa. Quizás esa te diría.
¿Y «Ya veré»?
Esa también sería buena. Es el baladón épico. Canciones de esas me resulta más fácil.
Pero no es una canción fácil, aunque te suelen salir con facilidad.
Por lo que sea estoy cómodo ahí.

Me apetecía preguntarte por asuntos no estrictamente musicales, si te apetece.
Tú dale, dale. Yo lo que tú quieras.
Quería que me dijeras el título de una película que te guste mucho.
Mira, he visto mogollón de veces, de cuando tenías diez u once años, una película que vi como veinticinco veces en quince días, que es Atrapado en el tiempo.
¿¡Sí!? Te pega muchísimo.
Sí, sí. Me pillé un gripazo y tuve que estar quince días en casa. Mi padre se iba a trabajar y yo me quedaba atrapado en el tiempo viendo Atrapado en el tiempo, en bucle.
Ésa en la infancia. En la adolescencia El gran Lebowski. Y luego Magnolia, con muchas historias, los actores increíbles, la banda sonora increíble, Tom Cruise que hace el papel de su vida.
Te pegan todas mucho.
Pues sí.
¿Eras seguidor de David Lynch?
Hostia, claro, claro, claro. De David Lynch Carretera perdida, la del saxofonista, que cuando la vi es de estas que dices, ¡locura! Mulholland Drive, que es un poco más digerible. Luego Terciopelo azul… Mi mujer hizo en la universidad un trabajo sobre esta película y como que la tenía muy controlada. Y luego vimos Twin Peaks. Y la del tractor… Una historia verdadera. Al final las he visto todas. Más que las películas en sí me mola su manera de hacer cine ¿sabes?. que ya sabes que es él enseguida, es muy personal. Y luego también tengo un par de libros suyos. Se ve que el tío era seguidor del Maharishi y todas estas cosas, era un fan de la meditación. Me compré un libro de él que se llama Atrapa el pez dorado, que te hablaba de su visión del mundo y tal, que estaba muy interesante. Un buen personaje, con un pelo envidiable jajaja, lo de David Lynch era abusivo. No lo pondría en el pódium, digamos. Me mola pero sobre todo más que a nivel narrativo a nivel estético.