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FM «Brotherhood» (Frontiers Music, 2025)

FM «Brotherhood» (Frontiers Music, 2025)

La universalización del rock melódico

Por José Ramón González.

 

Como «AOR sureño» podría calificarse la canción con la que los maestros británicos FM abren su nueva obra (de arte) Brotherhood. La canción se titula «Do you mean it»; es una gozada contemplar cómo después de quince álbumes y más de cuarenta años de carrera no se alejan del sonido que tanto les ha costado pulir y que los define (sería absurdo, sin duda, renunciar a tan valioso logro) y, sin embargo, siguen tirando tabiques para abrir tragaluces a través de los que pueda entrar la luz y el aire de cualquier género o estilo que les permita expandir y enriquecer su ya más que generoso catálogo de diversidad musical. Sí, son unos de los maestros del rock melódico, unos de los reyes del género, y lo son precisamente por ser más que eso, por no limitarse a cumplir con su papel de monarcas; por no acomodarse.

Y por eso me parece tan maravillosamente asombroso y admirable que en cada nuevo lanzamiento (y están siendo bastante prolíficos en los últimos años, señal del entusiasmo, las ganas, la ilusión y el compromiso que mantienen con su arte) me obliguen a asegurar que es su mejor trabajo. Pero, de verdad, este Brotherhood es lo mejor que han grabado nunca (con mis respetos a sus títulos canónicos). Es tan bueno, depurado, exquisito en su género, que observarlo únicamente desde la constreñida perspectiva de su especialidad sería limitar su alcance y su mérito. Cuando un artista hace algo extraordinario en su ámbito, su alcance es universal; derriba las barreras y deviene en universal. Eso es lo que ha hecho FM: universalizarse, alcanzar la categoría de arte referencial.

Por eso no estoy seguro de si merece la pena pararse a detallar lo que hay incluido en esta obra titulada Brotherhood, porque seccionarla e ir incluyendo adjetivos hiperbólicos que se quedan cortos en cada una de las canciones no ayudará a nadie a entender el conjunto. Para crear este álbum ha sido necesario, además del talento, la inspiración, una muy trabajada elegancia que ya es natural, el buen gusto —eso que parece cosa perdida en el mundo—, un criterio artístico incuestionable y una tenacidad imprescindible, la experiencia. Cuando eran jóvenes eran buenos; después de cuarenta años son sabios. El disco, desde mi punto de vista, hay que escucharlo y apreciarlo al completo, en su conjunto, como una obra con sentido unitario, no como una colección de canciones sueltas. De nada serviría que dijera que todo suena mejor en un disco de FM, que el refinamiento para combinar lo acústico y lo eléctrico es único, que las melodías en sus manos cobran una vida prodigiosa, que la alternancia de ritmos fluye con una naturalidad inusitada, que las armonías vocales no sólo multiplican voces sino emociones, que no sobra ni falta una nota… porque probablemente todo eso se quede en nada cuando se escucha el disco.

Lo de FM es, en verdad, digno de investigación en un laboratorio científico, de los de alta reputación y desarrollo. Desde hace muchos años me parece que es una inmensa pérdida de tiempo dedicar recursos, esfuerzo y dinero a la investigación que trata de encontrar el llamado «secreto de la eterna juventud». Creo que se ahorrarían mucho trabajo si concluyeran lo antes posible que tal secreto no existe, ni debería existir, porque probablemente no es necesario, porque, de hacerlo, renunciaríamos a algo valiosísimo de la vida humana: lo que se alcanza únicamente con la experiencia y la madurez, y con la vejez. Hemos hipotecado el cómo por el más. Nos parece mejor un libro de ochocientas páginas que uno de ciento ochenta; una película de dos horas y media que otra de noventa minutos. Y, por supuesto, como desde hace ya mucho tiempo, es siempre mejor lo nuevo que lo viejo —aunque también ahora lo viejo (vintage lo llaman los que comercian con todo lo que se les pone a tiro, y el gentío los sigue alegremente) sea moda—. Pero hay algo en envejecer que lleva a lugares de uno mismo que no conocía cuando era joven, a los que sólo se llega cuando hay que llegar. Y en ese momento, un artista encuentra que para decir lo que necesita, necesita menos de lo que solía; que lo que tiene que decir es más importante que lo que decía antes; y lo más trascendental, que lo sabe decir mejor. Si no se envejece no se aprende, si no se sufre no se valora el bienestar.

Por eso, que los que se dedican a intentar averiguar dónde está el secreto, o el gen, o lo que sea, que permite alargar la juventud o la vida, se olviden. Que se sienten a escuchar a FM, que sientan lo que nos dicen desde su aprendida sabiduría humana y artística, que se dejen bañar por las sensaciones profundas y sinceras de su música, que entiendan que la juventud no es toda la vida y que envejecer es aprender, y que aprender a vivir es aprender a sentir. No es necesario vivir más años sino sentir más vida. La música de FM nos enseña eso.

 

FM brotherhood COVER
FM:
MERV GOLDSWORTHY: Bajo
JEM DAVIS: Teclados
STEVE OVERLAND: Cantante, guitarra
JIM KIRKPATRICK: Guitarra
PETE JUPP: Batería

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