Con el espíritu de John Bonham
Por José Ramón González.
Visionar el documental Becoming Led Zeppelin es asistir, en diferido, a la creación de un movimiento tan determinante en la historia de la música moderna como es el hard rock. Se ha escrito, dicho e investigado mucho sobre Led Zeppelin, una de las bandas de referencia de la música moderna, si no la definitiva; este documental nos trae los testimonios en primera persona desde el ahora de los creadores de la banda, del mito y, por tanto, de esa música y ese género, lo que lo hace particularmente atractivo.
Becoming Led Zeppelin dedica sus más de dos horas de metraje a las circunstancias que llevaron a la creación del icono musical (circunstancias, coincidencias, cruces… llámese como se quiera, el caso es que el universo va moviendo las piezas para que exista Led Zeppelin) hasta la publicación de su segundo álbum a finales de 1969. Esta elección parece que no ha satisfecho a algunos críticos que echan de menos todo lo que podría contarse acerca de la carrera posterior del grupo; en realidad podríamos decir de la carrera completa, porque ciertamente la historia que ha pasado a la historia comienza aquí. A mí me ocurre al contrario, me ha interesado muchísimo y he agradecido haber podido presenciar como Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones y John Bonham crearon Led Zeppelin, un nombre que casi da reparo pronunciar sin sentirse un ser insignificante. Y me ha gustado porque me encanta escuchar o leer entrevistas con los músicos viejos, esos que «se inventaron» todo. Y me gusta más aún porque los más grandes son en ocasiones los más modestos; si se echa un vistazo, por ejemplo, a algunas de las entrevistas de los últimos años con Ian Paice, uno de los músicos más relevantes de las últimas cinco o seis décadas se apreciará a lo que me refiero. Lo mismo podría decir de tipos como Brian May, Tony Iommi, Steve Lukather, Rob Halford…
No me voy a detener en resumir lo que cuenta el documental, que para eso está el filme y la historia la conoce la mayoría de los aficionados. Lo que me parece especialmente hermoso es escuchar a estos músicos hablar con tanta naturalidad de algo que es tan inmenso para nosotros. En Becoming Led Zeppelin son los propios Plant, Page, Jones y, sí, Bonham, los que van narrando paso a paso su trayectoria hasta coincidir en un lugar que se llamó al principio The Yardbirds —nombre que llevaba heredado Jimmy Page y con el que pretendía seguir, al menos de momento— y luego Led Zeppelin. Están los tres músicos vivos que son entrevistados por separado y luego está la voz de Bonham. Está muy bien la idea de que la mayoría de las aportaciones de Bonham son escuchadas por cada uno de los miembros del grupo. Ahí se producen momentos de magia. Ahí está la vida de esos músicos, que cincuenta años después se siguen emocionando al escuchar a su amigo sin el que no quisieron seguir como banda bajo ninguna circunstancia (no estoy seguro de que sea el único caso pero sí el más recordado por la importancia histórica del grupo). En uno de los primeros momentos en los que se escucha la voz de John Bonham, Robert Plant comenta algo y su mirada se empieza a perder al fondo, mirando al infinito: creo que Plant estaba viendo a Bonham. John Paul Jones sonríe de un modo verdaderamente tierno al escuchar a su compañero de la base rítmica y al recordar lo alucinante que era tocar con él, la importancia que supuso crear un combo como ese para el sonido de Led Zeppelin. Page es más enigmático, parece que hace un esfuerzo para no dejarse dominar por la emoción, al tiempo que da muestras de su inteligencia y capacidad analítica.
Una vez que empiezan a tocar juntos cuentan cómo se dieron cuenta de que eso los iba a llevar a otro lugar, de que ellos, sobre todo Page y Jones, artistas jóvenes pero ya con una nada despreciable experiencia como músicos de estudio, sonaban juntos como nunca habían escuchado en ningún otro lugar ni a ninguna otra formación. La expresión de sus caras reproduce en la actualidad algo parecido a lo que debió ser escucharse a sí mismos en aquel momento. Tan irrepetibles como las que ponen los espectadores del programa de la televisión francesa Tous en scène —actuación que ya pudo verse en el DVD de 2003 pero en el que no estaban incluidas las tomas de los espectadores que aparecen aquí— en el que tocan «Communication breakdown» en 1969: el público estaba atónito, la perplejidad de sus caras no es fácilmente descriptible, su asombro inenarrable. Habían llegado unos seres desde otra dimensión, probablemente del futuro, y estaban ofreciéndoles una cosa que sonaba como la música que habían estado escuchando hasta ese momento pero no, no era lo mismo, era… diferente. Plant dejaba que su cuerpo diera sacudidas (la gente ya había visto hacer movimientos provocativos a Elvis, pero la intención era otra) que alternaban con unos agudos que se escuchaban hasta en su planeta de procedencia, la guitarra de Page tenía un sonido de verdad eléctrico —¿era el primer vagido público (porque ya venían preñados de los ensayos) del bebé Hard Rock recién nacido?—, Bonham atizaba a la batería poseído de no se sabe qué espíritu del espacio exterior, y lo que hacía Jones con el bajo le podría haber llevado a cualquier conjunto de jazz experimental sin ningún problema. Pero eso no era jazz, era rock, aunque otro rock.
A pesar de la reacción de los presentes —o todo lo contrario, porque las bocas abiertas y los ojos tratando de asimilar lo que sus oídos no podían comprender estaban inmóviles en esos rostros estupefactos— los cuatro Led Zeppelin seguían como si allí no hubiese nadie, con una determinación asombrosa, algo sin lo cual no habría existido la banda. Bueno, sin eso y sin otro componente imprescindible aplicable a todos los grupos y músicos de la época que han hecho historia: la libertad. Ahí estaba el arte por descubrir, la creatividad chorreando a borbotones, el arrojo y la felicidad de descubrir o inventar. Estaban tocando, por encima de todo, para ellos mismos.
Algunos echan de menos todos los chascarrillos de los que se ha hablado desde mediados de los setenta: que si excesos, que si pactos demoníacos… Pero si eso ya lo sabemos. ¿Cómo iban a lucir si no esas envidiables cabelleras a su edad si no fuesen extraterrestres o socios del diablo?

Guión:
Bernard MacMahon
Fotografía:
Vern Mohen
Música:
Led Zeppelin