Cuando la creatividad era la norma.
Por José Ramón González.
Muy poco sé acerca de esta, por otra parte, desconocida banda que solamente publicó este disco, estupendo, verdaderamente disfrutable, forjado en la fragua que estaba dando forma al hard rock en sus albores, esos últimos años de la década de los setenta y, sobre todo, primeros ochenta, en los que aparecieron numerosos títulos haciendo equilibrio en la raya que separa ambas décadas, una línea que terminó transformada en una sima por la que cayeron muchos nombres y que deriva en fosa para descubrimiento de nombres perdidos, abandonados u olvidados. El arqueólogo rockero disfruta con muchas de estas obras que desafían al paso del tiempo con tanta humildad como arrogancia, pues su discreta contribución a la historia de la música reta a la memoria y se alzan orgullosas presumiendo de sus mimados valores casi intactos. Y, probablemente sin quererlo, aportan, desde su antigua sabiduría, un sonido clásico que se recibe como aire fresco, una contradicción tan hermosa como magnética. Sus ganas, su capacidad para arriesgar e inventar —casi una rutina en la época para los artistas con el impulso creativo en constante palpitar—, su imaginación, nos regalan felices momentos de magia musical, nostalgia y sorpresa.
MPG es una de esas bandas que grabaron un disco que muchos otros apenas alcanzan a imaginar y que sigue sonando hoy con fuerza e innegable atractivo. Se les suele encuadrar en eso que se llama —con frecuencia despectivamente— Pomp Rock, una mezcla de elementos del rock progresivo, el hard rock y las melodías pop, en cuyas estructuras la complejidad estructural latente la cubre un interés por hacer accesibles unas canciones que llegan con más facilidad al receptor gracias a unos ritmos y melodías más sencillos. MPG podría emparentarse estilísticamente en algunos aspectos con Toto —con quienes comparten el mismo productor, Tom Knox—, con Styx, o con los primeros Foreigner o Journey por nombrar algunos. La banda estaba liderada por el teclista y cantante Steve Carey, compositor de las canciones. La banda empezó llamándose The Miles Brothers, aunque tras firmar contrato con A&M Records hubieron de cambiar su nombre a MPG, además de incorporar a un guitarra solista adicional, David Mikeal, cuyo trabajo es más que apreciable en algunos momentos del álbum, para darle más empaque al conjunto. La llegada de Mikeal también contribuyó a que el sonido de la banda virase definitivamente hacia el hard rock.
Destacaría del sonido de este álbum la presencia del piano y los teclados y un fuerte protagonismo de la pegada de la batería de Michael Bolt y de un prominente bajo a cargo de Steve Locklin. La guitarra de Mikeal junto a la de Kim Smith conforman un atractivo contraste con los teclados. A todo ello se unen unos creativos coros, a los que contribuye la banda al completo, y unas canciones sugerentes y pegadizas en las que no faltan momentos de elaborada instrumentación.
Algunos aficionados que conocen a la banda llaman la atención sobre la canción que abre el trabajo, «Too many questions», en la que ya se percibe, al menos a mí me resuena sin poder evitarlo, la voz de Peter Cetera y unas melodías y coros que me recuerdan a Chicago. El cambio de ritmo en el solo eleva la intensidad de la canción para que entre en erupción en la parte final. «Workin’ overtime» es de mis favoritas, desde el comienzo con la melodía de teclado y guitarra, por su ritmo entrecortado que deja mucho espacio al bajo, y por el piano y el ritmo que encaja perfectamente en la temática de la canción. Y porque la progresión es maravillosa: la transmutación del piano en sintetizador, los coros que van aumentando su presencia hasta dominar la composición por encima de la voz principal y el final con la guitarra de Mikeal desbordada. La pegadiza «Best thing I never had» tiene un estribillo irresistible mientras que «Goodbye cruel world» termina siendo de las canciones más elaboradas del álbum, con mucha presencia de las guitarras y unos coros y melodías muy bien trabajados que resultan más dramáticos en las estrofas que en el estribillo, que se muestra más alegre. La primera cara del disco se cierra con la correcta «Why me».
El comienzo de la segunda cara ofrece un arranque impactante, con un sonido más moderno, casi psicodélico y un ritmo contundente. El desarrollo de «Get yours tonight» muestra la personalidad de la banda y hace creer que podrían haber hecho cosas interesantes de no haberse visto forzados a separarse. «Hurt me» aparece para aportar un toque soul-funk, rythm & blues antes de que llegue una de las más logradas creaciones, a mi juicio, de este álbum, «Can I come over tonight», de ritmo trepidante (llamativamente, junto a «Workin’ overtime», las composiciones de ritmo más potente se revelan como más redondas). De nuevo el piano y la guitarra entrecortada con la batería marcando el ritmo de manera imparable para llegar a un estribillo de trazas casi punk repleto de melodías y coros. Para cerrar se reservan «Always something» cuya cadencia y suaves melodías hacen que sea percibida como una semibalada, aunque no lo sea.
No pretendo descubrir ninguna joya oculta, porque el disco de MPG no es una revelación portentosa ni podríamos ponerlo al nivel de las obras de la misma época de las bandas con las que lo he emparentado. Sí es un álbum muy bien planteado y ejecutado, con muchas y diversas virtudes que ponen de manifiesto el trabajo de unos músicos que, de haber tenido la posibilidad de seguir progresando habrían podido llegar a más público y haber logrado creaciones, sin duda, de mayor calado. Eso no es posible saberlo, son conjeturas. Pero sí tenemos una muestra de su momento de creatividad, de sus capacidades, el resultado de su trabajo; este disco que se puede seguir disfrutando cuarenta años después. Algo tendrá entonces.

MPG:
STEVE CAREY: Teclados y cantante
KIM SMITH: Guitarra y coros
DAVID MIKEAL: Guitarra y coros
MICHAEL BOLT: Batería y coros
STEVE LOCKLIN: Guitarra y coros