Si Indiana Jones tocara heavy metal
Por José Ramón González.
Si digo que Hour of the Wolf es el disco más entretenido que he escuchado en mucho tiempo, tengo la sensación de que me quedo corto en la valoración que hago de la obra. Se sabe que el término «entretenido» se usa para expresar que algo divierte, que se pasa con ello un buen rato, pero se tiende a creer que sólo entretenido implica poco valor. Como si conseguir divertir fuera cosa banal y al alcance de cualquiera. Cada uno se entretiene con lo que quiere o con lo que puede, sin embargo lograr una obra que entretenga, producto de un trabajo honesto, bien planteado y desarrollado y sin recurrir a «trucos» elementales no es tan sencillo. Alcanzar el entusiasmo a través del entretenimiento es lo que marca la diferencia. En el ámbito cinematográfico el ejemplo al que suelo recurrir para ilustrar este malentendido son las películas de Indiana Jones —y porque Steven Spielberg sería el paradigma de esto que pretendo explicar—. Muchos aplican la expresión «entretenimiento de calidad» a esas películas para diferenciarlas de otras que entretienen durante lo que dura el metraje e inmediatamente se olvidan. Las de Indiana Jones se pueden ver decenas de veces y el efecto de entusiasmo se mantiene prácticamente intacto. Si el disco de la banda sueca Wolf fuese una película, sería una de Indiana.
Hour of the Wolf es un disco, además, impecable, con un sonido limpio que permite apreciar con claridad cada instrumento —todos y cada uno de los cuales está magnífico— y una fiereza en sus composiciones rebosante de colorido y vitalidad. Además, la construcción de melodías a través de las líneas de voz de Niklas Stålvind —también guitarrista y principal compositor de la banda— son tan irresistibles que es recomendable no escuchar el disco con los auriculares puestos por la calle no sea que el aficionado aparezca en un tiktok pegando gritos desgañitado porque se ha dejado llevar por esas canciones magnéticas aislado del mundo exterior.
Wolf es una banda que ya podría casi considerarse clásica dentro del heavy metal después de más de veinticinco años de carrera y una decena de discos. Su sonido tiene muchas trazas de Iron Maiden pero nadie podría asegurar que se asemejan a ellos en sus composiciones; sin embargo las líneas de bajo del gran Pontus Egberg y los dibujos de las guitarras de Stålvind y de Simon Johansson no dejan lugar a dudas. Escúchese si no el comienzo de la infecciosa «Dirty Little secret» para comprobar lo que digo. Podría decirse de ellos que es una banda de las que no fallan. Conservan una línea de calidad insobornable mientras se mantienen en esa segunda fila en la que se encuentran muchos de los mejores grupos del género. Los he seguido en los últimos años, he recuperado algunas de sus primeras obras y es verdaderamente una gozada escuchar sus discos: «Ravenous» (2019), «Legions of the bastards» (2011) o «Feeding the machine» (2020) con la que establecen la formación que se mantiene estable hasta la actualidad.
Hour of the Wolf no da un momento de respiro. «Death satellite» es uno de los singles incontestables del año: una vez que comienza ya es imparable, un artilugio fulminante en sí mismo y a la vez representativo de la obra al completo. Hacía mucho que no disfrutaba tanto un disco: canto a grito pelado cada estribillo, maravillosos en su sencillez (podría estar repitiendo You’re under the speeeeeell de «Walpurgis night» durante veinte minutos sin cansarme y dejándome embrujar sin remordimientos de pecado por esas guitarras), sigo el ritmo de la batería de Johan Koleberg en «Streets of Necropolis» como si no hubiese escuchado nunca nada igual o como si recuperase unas emociones adolescentes olvidadas tras una traumática madurez, bailo al ritmo del vals endemoniado en 3/4 de «Waltz post-mortem» siguiendo cada cambio de sección. Me encanta esa fiereza colorida de cada canción, funcionan maravillosamente una vez arrancan y no se detienen hasta su final, momento en el que durante los segundos que transcurren antes de que empiece la siguiente canción ya la has empezado a tararear.
Afirma Stålvind que su intención era hacer un disco que pudiese entrar en una cara de una de aquellas cintas de casete de 90 para escucharlo de principio a fin sin parar. Indudablemente lo han conseguido. La pega es qué hacer con la otra cara de la cinta. Creo que está claro: grabar también Hour of the Wolf para poder escucharlo una vez tras otra.

WOLF:
NIKLAS STǺLVIND: Cantante y guitarra
SIMON JOHANSSON: Guitarra
PONTUS EGBERG: Bajo
JOHAN KOLEBERG: Batería