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MALEDICTUS «Lazarvs» (Fireflash Records, 2026)

MALEDICTUS «Lazarvs» (Fireflash Records, 2026)

Un viaje alucinante al fondo (oscuro) del alma

Por José Ramón González.

 

Dicen los miembros de la banda portuguesa Maledictus que ellos mismos no esperaban un resultado como el que han obtenido en Lazarvs, su primer álbum. Pues algo parecido me ha ocurrido a mí escuchándolo, a pesar de que los adelantos del disco ya nos habían puesto en alerta: el disco es muy bueno.

Maledictus nace de las cenizas de Seventh Storm, banda de la que formaban parte tres de los cuatro integrantes de ésta —la excepción es el batería Peter Crushes— y cuya primera y única publicación de 2022 se llamaba, no casualmente, Maledictus; del mismo modo que la elección del título Lazarvs tampoco parece casualidad al tratarse del personaje bíblico al que Jesucristo rescató de la muerte.

¿Y qué tenían esos adelantos a los que hacía referencia para haber llamado tanto nuestra atención? Una base musical potente y unas melodías cautivadoras producto de la carga emotiva y dramática que transmiten, nada impostada por otro lado, ni artificiosa. Quizás por ello las canciones conectan tan rápidamente con las emociones, que las reconocen como auténticas.

El disco se compone de nueve canciones de las cuales la primera no es otra cosa que un preámbulo apropiadamente titulado «Exordium», pues su principal función es la de atraer la atención, objetivo que cumple plenamente ya que no se trata de la tonta introducción pesada que no aporta otra cosa que unos segundos de sopor. A partir de ahí tenemos nada menos que cincuenta y dos minutos de metal, como gusta decir ahora, que algunos llamarán gótico o atmosférico por los elementos de oscuridad, y de los que no puedo hablar más que con entusiasmo y a los que no voy a referirme como otra cosa que heavy potente con rasgos modernos fácilmente reconocibles, repartidos en ocho canciones, con lo cual tenemos composiciones largas que se pasan como si no lo fueran. Podemos detectar enredados en un tejido tan denso elementos del metal técnico, algunos hilos de progresivo, de metal extremo…

Me llama la atención que un trabajo tan envuelto en oscuridad (no hay más que echar un vistazo a la portada del álbum, el diseño del nombre del grupo y algunas de las fotografías promocionales además de los videoclips) me resulte tan atractivo y se me quede tan enredado: no paro de tararear las canciones del disco. El secreto es la preeminencia de las melodías que sostienen las composiciones y sobre las que la contundencia instrumental flota con una naturalidad asombrosa, y sirven además de conductoras para los oyentes. No debe sorprenderse el aficionado si de repente toma conciencia de que está cantando sobre una explosión sonora vibrante y dramática. Quizás un bagaje en el que caben nombres como Ark, Blind Guardian o Conception puede facilitar la entrada en los oscuros bosques de Maledictus, entre las ramas de cuyos árboles se va colando la luz.

Y es que esa luz en forma de melodías ante las que no hay impermeable que aísle no pueden ocultar su dependencia de la salvaje descarga musical que la acompaña: unas guitarras rítmicas que raspan como la lija pero que tienen una cara suave e hipnótica en la que las líneas melódicas embrujan como un hechizo, una batería que es en ocasiones una apisonadora y otras una generadora de tensión creciente o de reposo después de una batalla, apoyada en un bajo que oscila de un lado a otro, entre la línea recta demoledora y las curvas demenciales pero seguras. Y una voz igualmente dual: agresiva, dura, grave, amenazadora al tiempo que acogedora, melódica, tierna y consoladora. Todo este conglomerado sonoro transmite a la perfección las sensaciones de desesperación, de desorientación, de almas atormentadas por las dudas o la ansiedad…

Una canción como «Shadows» es digna representante de todo lo que comento, con un estribillo dramático repleto de emoción en una línea breve. Lo mismo podría decir de uno de los adelantos, «Madam Death», a la que uno se sube a toda velocidad como huyendo del diablo para dejarse llevar al trote de un estribillo impecable.

Las composiciones viran gracias a los cambios de ritmos, a las estructuras cambiantes que aceleran o pausan las pulsaciones, en las que siempre aparece una melodía que agarra al oyente de la mano para llevarlo a una nueva isla de emociones. Una canción lleva a otra, como variaciones de una idea común en las que hay unas líneas que parecen conectar con las anteriores o que avanzan algo de otras posteriores, consiguiendo así la apariencia de estructura granítica en el álbum que es, finalmente, un viaje alucinante al fondo del alma.

 

Maledictus - Lazarvs COVER
MALEDICTUS:
REZ: Cantante
BEN STOCKWELL: Guitarra
BUTCH CID: Bajo
PETER CRUSHES: Batería

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