Lo suficientemente buenos
Por José Ramón González.
Existen bandas lo suficientemente buenas para captar la atención de los buenos aficionados pero no tanto como para entrar a formar parte de selecta relación de los recordados. No todos nuestros discos favoritos lo son o nos gustan por ser obras maestras, eso es algo que no hace falta explicar. Cada uno tiene sus debilidades, sus preferencias, sus inclinaciones, y también su bagaje, que le hacen percibir en una banda o músico concretos lo que no encuentra en otros. A Faith Band creo que sólo les faltó esa canción que todos buscan, esa pepita de oro que tantos se afanan en descubrir en sí mismos a base de trabajo, de depurar su sonido, para dar con ese deslumbramiento que tan pocas veces llega. Pero como el triunfo no es sinónimo de calidad ni de trabajo bien hecho hay infinidad de grupos con discos estupendos que no llegaron a ser ni medio conocidos. En ocasiones hay músicos que no se explican que alguna de sus canciones no llegara a ser más popular aunque ellos estaban convencidos de que podría ser un éxito. Eso debieron de pensar más de una vez los integrantes de este estupendo grupo de Indianapolis, y especialmente con este Face to face de 1979. Es probable que tuvieran todas las papeletas para haber sido más; empeño no les faltó, y así lo atestiguan sus cinco discos (el primero de ellos apareció bajo el nombre de sencillamente Faith). Tras seis años de carrera desaparecieron.
Face to face no es una obra maestra, ni falta que le hace, a pesar de que durante varios instantes a lo largo del álbum se vislumbra el vértigo de la emoción que proporciona la sensación de que algo grande va a ocurrir, que se va a producir ese momento que va a elevar la canción a la excelencia (el final de «Hopeless romantic» te mantiene en vilo durante largo rato). Quizás les faltaba algo más de virtuosismo en la técnica para poder acceder a la categoría de los grandes, no lo sé. Lo que sí es cierto es que lo que no les faltaban eran buenas canciones.
Faith Band podría ser considerada una banda de AOR, no encajarían mal ahí. Riqueza de teclados a cargo de John Cascella —quien termino tocando para John Mellencamp— y que también se hacía cargo del saxo, grandes melodías, cuidadas armonías vocales, un atractivo cantante llamado Carl Storie y una buena base rítmica formada por el bajista y fundador —junto a Storie— Mark Cawley y el batería Dave Barnes. Es posible que al guitarra David Bennett le faltara brillar más en sus solos. Y es que no están tan lejos de Toto en su planteamiento, que no en su desarrollo y ejecución; injusta comparación la mía que busca más que nada situarlos en estilo, aunque no deja de ser llamativo el parecido de una de las mejores canciones del disco, «You’re my wickness», con «Georgy Porgy» incluida por la banda de Los Angeles en su disco debut un año antes que Face to face y lanzada como single el mismo año 1979. Tampoco sería loco emparentar a Faith Band con lo que hacían por aquella época Reo Speedwagon (otra injusta comparación) a pesar de que no tienen la chispa vitalista y la inmediatez que contagian las voces y melodías de Kevin Cronin, Gary Ritchrath y compañía. Suenan a tantas otras bandas de la época y a algunas incluso antes que ellas mismas. Eso también, ese toque reconocible que los singularizara del resto (o la cantidad de excelentes agrupaciones de la época) les podría haber impedido asomar la cabecita de entre el resto. Había tanto bueno para elegir entonces…
Cierto es que, precisamente en este disco, Faith Band dio un empuje a su estilo abandonando las formas más puramente setenteras, los medios tiempos, las canciones lentas de corte pop rock, y las canciones de rock clásico poco innovadoras aunque eficaces de su anterior álbum para avanzar en la sofisticación de las formas, los desarrollos instrumentales —ligeros pero llamativos—, las variaciones atrevidas que le dan al disco un nuevo aire que parece por momentos más un huracán, o el presagio de un huracán, como decía al principio. La producción a cargo de Greg Riker y de la propia banda permite disfrutar de cada composición y coloca a cada instrumento en el lugar adecuado. Da gusto escuchar trabajos que suenan tan cálidos, tan agradables y tan puros.
Saben dosificar las intensidades, como en la inicial «Touchy situation», que va ganando músculo según avanza. Y me pregunto también por qué «Big city lights» no es mucho más conocida —o reconocida—, con esas pausas que avivan el ritmo y las melodías de las voces y las guitarras. Las cuatro últimas canciones del álbum son antológicas: la jazzística y contagiosa «Leave this love» en la que brillan todos los músicos, en particular Cawley y Barnes, aunque Cascella con el piano no se queda atrás. Maravilloso me resulta el medio tiempo «Fool’s love» de atmósfera soul envolvente (cuando entra el solo de saxo piensa uno instintivamente en qué película sale esa canción). «Long distance runner» es de sobresaliente, sin errores de ortografía, y de aplauso la variación con las melodías de guitarra; creo que aquí muestran sin duda lo buenos que podían llegar a ser. Y si alguien quiere calibrar el nivel al que eran capaces de llegar, ahí está «Forever» para mostrárselo (¿no suena un poco a Bruce Springsteen?).
Estoy convencido; creo que Faith Band eran lo suficientemente buenos.

FAITH BAND:
CARL STORIE: Cantante
DAVID BENNET: Guitarra, sintetizador
JOHN CASCELLA: Teclados, saxo, coros
MARK CAWLEY: Bajo, coros
DAVID BARNES: Batería, percusión