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THE END MACHINE “The End Machine” (Frontiers Music, 2019)

THE END MACHINE “The End Machine” (Frontiers Music, 2019)

El tuétano de Dokken.

Por José Ramón González.

 

Admito que me gustaría que esta fuera la reseña del nuevo álbum de Dokken con su formación clásica, sobre todo después de leer las declaraciones de George Lynch en las que confiesa que, cuando estaban empezando a componer canciones, se pusieron en contacto con Don Dokken para que de aquello saliera el nuevo trabajo de la banda, pero éste declinó la invitación; más cuando asegura que habría sido un disco muy bueno; especialmente tras la buena sensación que dejó “Its another day” el año pasado, la primera canción que grababan juntos en veinte años, a propósito de la limitada gira de reunión. Sin embargo hace ya tiempo que no me paro a esperar perrunamente los despojos de las glorias pasadas, a beber sorbitos en tiempo de sequía de la lluvia recogida en estaciones de abundancia, a aprovechar rascando distraídamente las virutas de chocolate sobrante de los postres.

Los seguidores de la admirable banda formada por los dos músicos antes nombrados junto al bajista Jeff Pilson y al batería Mick Brown hemos sobrevivido a nuestra orfandad dividiendo nuestras venas y arterias entre las diferentes bandas en las que han estado, intentando detectar ese sonido que detona una parte muy concreta de nuestra sensibilidad musical y nuestra formación emocional como aficionados a esta arte. Aunque igualmente hace tiempo que renunciamos a no esperar algo de los recurrentes anuncios de la prometida reunión. Aquello que no se ha hecho, y puede que no ocurra nunca ―y cuanto más tiempo pasa más difícil es que suceda y menos probable que sus frutos sean sabrosos― es difícil que sea suplido con anhelada satisfacción años después. Y sin embargo creo que aún sería posible por lo que escuchamos en The End Machine.

Hemos seguido a George Lynch a través de sus múltiples ―y a veces desvariados― proyectos, con momentos muy brillantes como sus últimos trabajos con Lynch Mob, el fantástico Kill all control (2011) bajo su nombre, los dos álbumes de KXM o el fabuloso de Ultraphonix; a Jeff Pilson con sus War & Peace y su insistencia en desempeñar el papel de cantante solista; y las colaboraciones de ambos en Lynch Pilson (2003) y en T&N (2012), dos trabajos más que notables. Por otro lado Don Dokken y Mick Brown ―y eso que Brown se quedó con Lynch en los dos primeros trabajos de Lynch Mob tras la disolución de la banda― han mantenido el nombre de Dokken a flote con algunas obras que aguantaban el peso de su reputación, especialmente el magnífico Erase the slate (1999) con Reb Beach y con Pilson aún en la formación, y el nada despreciable Long way home (2002) con John Norum. Aunque los últimos álbumes no son tan redondos su último disco, de hace ya siete años, Broken Bones (2012), no está nada mal. Dentro de este tetris dokkeniano, la posibilidad de que sus miembros formaran unos Dokken sin Don Dokken siempre rondaba como una posibilidad (al igual que Don lo hizo sin Lynch en 1999). El primer amago fue en las versiones que T&N hicieron de las canciones de la banda y en cuyo “It’s not love” ya estaba Robert Mason como cantante.

Esa posibilidad se ha hecho realidad finalmente con el álbum de The End Machine. Es de esos que, tras escucharlo una sola vez, ya se percibe como algo especial, para luego, después de unas pocas escuchas más, confirmar que es portentoso. Y lo es por sus propios méritos y porque los aficionados a la banda de la que provienen estos músicos pueden reconocer al mismo tiempo la esencia de su personalidad que está más que presente en cada canción; y eso que el disco no es ni una cosa ni la otra, ni Dokken ni Lynch Mob, sino todo a la vez y algo diferente al mismo tiempo, pues a los tres músicos de Dokken le tenemos que sumar la superlativa aportación de Robert Mason, espectacular en todo el álbum, quien aceptó el desafiante reto siempre que no se tratara de hacer un disco al estilo de Dokken sin su cantante original. Como espectacular es el sonido que han logrado, un sonido en el que reconozco a los Dokken de Dysfunctional tanto como a los de Tooth and Nail, ese perfecto equilibrio entre todos los instrumentos, con la presencia esencial del bajo de Jeff Pilson y sus líneas de creativa melodía, las armonías vocales que hacen que uno sienta que son las voces de su propia conciencia lo que resuena, esos coros de madurez que responden a la voz principal en varios estribillos, la batería de Mick Brown ―una de las pocas que soy capaz de reconocer al escucharla― y, obviamente, la guitarra de Lynch que arrastra lo que fue y lo que es, que combina el estilo clásico y el contemporáneo, que arranca una canción recordando a “When heaven comes down” (“No game”) y se desvía cuando quiere hacia una nueva creación. De nuevo en el solo de “No game” la electricidad de sus notas hace contacto con su genealogía musical al recordarnos lejanamente a “Into the fire”. Los solos que ofrece en este álbum son de los que no hacía hace mucho tiempo, diferentes a los que desarrolla en Lynch Mob o en cualquiera de sus otras no pocas bandas y cuyo detonante está años atrás, combinando diferentes distorsiones para alcanzar la intensidad y los contrastes deseados, dejando que fluyan, como un sueño del pasado, melodías que estaban esperando a ser encajadas en la canción adecuada.

Tenemos ante nuestras orejas una obra sobresaliente que se hace apasionante cuando nos adentramos en sus variadas e irresistibles composiciones, las cuales ofrecen un hard rock contemporáneo que es descendiente de unas raíces cuya naturaleza está viva pero que ahora es diferente. Creo que este desarrollo natural, casi biológico, es la opción más sabia y honesta en la evolución del rock en general y de una banda en particular. A pesar de los años pasados en los que no han existido como banda y a pesar de que en realidad no está el grupo al completo, me atrevo a decir que hay una evolución en el sonido que representan, y eso me hace creer que estos músicos tienen una conciencia de banda, de pertenecer a una historia truncada cuyos primeros y valiosos frutos prometían mayores cotas artísticas que les habría gustado alcanzar. The End Machine es indudable prueba de ello.

Hay varias piezas mayores en este álbum, entre las cuales destaco “Sleeping voices” como especialmente inspirada. Su intensidad creciente gracias a sus armonías vocales y el explosivo estribillo, los adornos de Lynch en el preestribillo, el solo de guitarra en dos fases y la magistral coda final que uno quiere que no lo sea. Afortunadamente el álbum está repleto de momentos de apabullante maestría, desde la inicial “Leap of faith” hasta la positiva “Life is love is music” que lo cierra. Por lo que no queda más que celebrar que estos músicos se hayan decidido por fin a trabajar juntos de nuevo y nos hayan ofrecido una obra de tal calidad artística.

Jeff Pilson ha declarado recientemente que tiene una cuenta pendiente con Don: grabar un gran disco de Dokken, algo que ya comentaban ambos en un pequeño documental que incluía el dvd en directo Live from the sun (2000). Allí decían que aún no habían grabado el gran álbum de la banda; afirmación discutible pero que refleja de forma inequívoca su ambición e inquietudes creativas sustentadas en una continua evolución que les había llevado en aquel momento a grabar el gran Erase the slate, y hoy a darnos una obra de la categoría deslumbrante de The End Machine.

 

THEENDmachineCOVER
THE END MACHINE:
ROBERT MASON: Cantante
GEORGE LYNCH: Guitarra y coros
JEFF PILSON: Bajo y coros
MICK BROWN: Batería y coros

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