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TEQUILA SUNRISE “Danger Zone” (Perris Records, 2017)

TEQUILA SUNRISE “Danger Zone” (Perris Records, 2017)

Promesas cumplidas.

Por José Ramón González.

 

No han sido pocos, y sigue habiendo, los grupos que intentan reproducir el sonido de eso que, incuestionablemente, hemos aceptado como ‘rock ochentero’ o ‘rock de los ochenta’. Sin embargo parece que no nos damos cuenta de que esa referencia es vaga e imprecisa. Recordemos que en aquella idealizada, con motivo o sin él, época eran muchas las bandas que publicaban y tocaban y la variedad enorme, desde las más simplonas, al margen del éxito y la nostalgia que nos producen, a las más complejas, innovadoras, seductoras u originales; desde las que basaban toda su creación en su imagen y la acompañaban de éxitos musicales tan facilones como efímeros, a las que se dejaban las falanges en los locales para depurar y experimentar con su sonido; desde las más macarras y contestatarias a las románticas y elegantes. Los que vivimos aquella época sabemos que los pantalones rotos eran prácticamente un símbolo de ser un rockero de abolengo; ahora cualquier niño/a paga una indecente cantidad de dinero por comprar unos pantalones ya ¿¡rotos de fábrica!? y una camiseta desgastada de una banda de rock que no conoce. La comprensible necesidad de recuperar una época anhelada en la que para muchos lo musical no era un adorno y la forma de vestir era casi una carta de presentación, empujan a que algunos, ignorantes y cegados por las cada vez más pasajeras modas, se queden en la superficie de lo que supuso algo de enorme calado, tanto que hasta los que no vivieron aquellos años aseguran querer “recuperarlos”.

Así, todas esas bandas que han aparecido y desaparecido a la misma velocidad que los recuerdos que nunca se han tenido, intentaban recuperar aquel sonido, pero no la esencia, pues es tarea casi imposible si no se tienen las herramientas musicales necesarias y sí tan solo el vestuario. Decir que un grupo hace música de los ochenta es generalizar rebajando la referencia y valorando toda la música de la época a la baja, facilitando la identificación con lo superficial y no con lo esencial.

Ahora, si digo que Tequila Sunrise hace música identificable con el hard rock de los ochenta uno podría fácilmente pensar en grupos de los que recordamos una canción que durante un tiempo se convirtió en un hit pegadizo y poco más, lo que sería poco estimulante. Esta estupenda banda española tiene sus referentes más cerca de Dokken, Van Halen o Mr. Big, y no nombro más para no confundir, pues entre estos ya hay muchas diferencias. Aquellos que buscaban algo más allá del éxito momentáneo, que no satisfacían sus necesidades musicales con un estribillo fácil, que disfrutaban con una instrumentación trabajada e inconformista, ahora pueden hacerse con Danger zone sin dudarlo. Estos chicos son listos, saben mucho de la música que les sirve de inspiración ˗que no imitan˗ y componen canciones de las que uno no se cansa a la tercera.

La veneración y el respeto a lo mejor de los ochenta está en muchos aspectos de este álbum, empezando por la portada que es una chulada, de esas que hacían que te compraras un disco sin haberlo escuchado. Por eso digo que son listos, y porque publicaron un EP muy bueno con cuatro canciones con las que babeamos, Nasty Habits, que supuso una promesa que han tenido la honradez de cumplir; y porque da la sensación de que Tequila Sunrise es una banda que quiere hacer las cosas muy bien y que no se conforma con cualquier cosa, lo cual se agradece.

Aquella promesa se ha materializado en un larga duración completo, y muy completo. Diez canciones que satisfarán a los más exigentes, a los nostálgicos que no se conforman con recuperar sensaciones añejas, sino para los que creen que la buena música no pertenece sólo a una época. Hard rock melódico con garra, excelentemente interpretado, con un Cecilio Sánchez-Robles a la guitarra que, junto a Ramón Blein, da un auténtico recital de técnica y buen gusto; con un cantante fantástico para el estilo como Jorge Cortés, con una capacidad enorme para adaptarse a diferentes tonos; unos coros que adoptan distintas formas dependiendo de las necesidades de las canciones, así sean más rockeras como más melódicas; y una base rítmica a cargo de un excelente Rubén Santos a la batería y un nada tímido Jesús Acosta al bajo. ¿Qué falta? Las magníficas composiciones de Danger zone. El eclecticismo inagotable, la riqueza de estilos, la gracia interpretativa, la inteligencia instrumental y la exigencia por hacer un buen trabajo serían algunas de las características del álbum, que no todas. Tomemos “My way or the highway” como ejemplo: comienzo a lo Van Halen o Winger, alegría en las guitarras que se relaja al entrar la voz sobre unos arpegios suaves y va aumentando la intensidad hasta llegar al estribillo, un estribillo tarareable, con ohohohoh de esos que me molestan tantas veces y que aquí me resultan irresistibles, resultado de la naturalidad y la autenticidad. Solo de guitarra brillante y puente tras él que no rellena, que enriquece, y final cerrado que se deja acabar hasta el toque final. Si alguien ha tenido la santa paciencia de leer y luego hacerme caso y ha escuchado la canción, lo siento, ya es tarde, está pillado. De nada.

Podría entretenerme diciendo que “Bad side of love” tiene uno de los estribillos más irresistibles que he escuchado últimamente ˗cómo me gusta la batería de Rubén Santos en esta canción, y el solo de guitarra, y los coros, y el puente, y el final de la canción…˗; que me dan ganas de coger el abrelatas y hacer descapotable el coche para poner a toda leche por la carretera “Stay on the wild side”; que tienen el nivel de sobra para hacer una maravillosa introducción con trazas a lo Toto en “Coming home” que luego abandonan para darnos una especie de boogie hardrockero con otro estribillo contagioso; que no le hacen ascos al funk y la fusión porque “She” lo deja bien clarito; o que “Carry on” es una sorpresa de esas que a uno le gusta descubrir al final de los discos…, pero no reflejaría más que una pequeña muestra de todo lo que va a encontrar en Danger zone.

Así que mejor es dejarse seducir por un disco que reivindica los aspectos más valiosos de un modo de hacer rock en el pasado perfecto para proyectarlos en este presente simple.

 

tsdangerzoneTEQUILA SUNRISE:
RUBÉN SANTOS: Batería
RAMÓN BLEIN: Guitarra
CECILIO SÁNCHEZ-ROBLES: Guitarra
JORGE CORTÉS: Cantante
JESÚS ACOSTA: Bajo

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