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SAXON «Hell, Fire And Damnation» (Silver Lining Music, 2024)

SAXON «Hell, Fire And Damnation» (Silver Lining Music, 2024)

Lo que sólo saben los viejos.

Por José Ramón González.

 

Viendo los nuevos videoclips de Saxon y Judas Priest, me he sorprendido con la mirada clavada en la pantalla sintiendo una emoción repentina ante esos viejos, músicos viejos. Me ha conmovido verlos una vez más creando nueva música con dignidad y honestidad, arrastrando las heridas del paso de los años, asumidas las traiciones del negocio y repuestos, o reconstruidos, de los abandonos. Hay que estar bien pertrechado de una serenidad paciente para asumir los zarpazos del tiempo pero también de la inteligencia de utilizarlos a favor, pues ese condicionante limita aunque también compensa, porque es la fuente de la sabiduría. Lo que no es asumible ni deseable es empeñarse en mirar hacia atrás tratando de ser quien se fue en lugar de enorgullecerse de lo que se es gracias a lo que se ha sido. Por eso me parece tan importante que las bandas viejas sigan publicando material nuevo. Eso nos permite disfrutar y apreciar las constantes de su pálpito creativo, su inconformismo, su necesidad de seguir aportando arte, más teniendo en cuenta que quienes crean lo hacen con la experiencia de quienes prácticamente inventaron un movimiento musical que, a pesar del desprecio, la infravaloración y el vacío, ha seguido conmovedoramente vivo. Aquellos creadores siguen creando.

Supongo que, por otro lado, hay una especie de obligación contractual con los aficionados de ofrecerles paladas de nostalgia, ya que muchos de ellos acuden a los conciertos con la intención o la esperanza de revivir lo que vieron posiblemente décadas atrás. Es habitual que muchos salgan decepcionados porque los músicos no pueden seguir haciendo lo que hacían, no son los que eran. Es una lucha perdida en la que muchos se obcecan tercamente. Hace muchos años que no soporto ver a David Coverdale intentando ser el Coverdale de 1987 a base de trucos elementales y volúmenes intolerables que procuran decepcionantemente disimular el bochorno. Aquello ya pasó; ahora podría ofrecer muchas otras cosas, pero eso significaría renunciar a seguir encabezando carteles: porque su nombre es leyenda.

Bandas como Saxon han perfilado en piedra y a hierro su nombre en la historia del rock a través de una trayectoria sumamente admirable. Han llegado al presente para crear una obra, su nuevo álbum, a la que sólo es posible llegar si se ha hecho el camino como lo han hecho ellos. Hell, fire and damnation es esa clase de disco que está sólo al alcance de los supervivientes. Como han admitido muchos artistas de diversas disciplinas, lo verdaderamente complicado es alcanzar el máximo de expresión con la menor cantidad de recursos, sólo los necesarios; algo a lo que se suele llegar a través de la sabiduría y las enseñanzas que derivan de la experiencia y del aprendizaje del propio trabajo. Eso es lo que ha logrado Saxon en esta nueva obra.

Y me ha encantado leer en el libreto de Hell, fire and damnation que están deseando ofrecer sus nuevas canciones a su público. ¡Eso es! Podría ser una frase típica, pero no es tan habitual encontrarla por escrito ahí (sí es fácil oírla en entrevistas en las que, además de típica, comprobamos que es falsa, puesto que uno acude al concierto y se encuentra el consabido greatest hits de siempre con una canción nueva intercalada casi como una disculpa).

Saxon ha lanzado tal detonación artística en 2024 que podríamos estar hablando tranquilamente de uno de sus mejores discos (y esta frase sí que es típica aplicada a esta banda, pero por cierta). El mismo Biff Byford aseguraba hace no mucho en unas declaraciones durante la grabación del álbum que estaban muy cerca de la perfección. Y a fe mía que no mentía. Ya sabemos que eso no existe, y menos en el arte, pero revela el nivel de aspiraciones, de ilusión, de ganas, de ansia, de inquietud artística.

El disco es colosal. Tras el retiro de Paul Quinn ―que ha grabado guitarras en un par de canciones― Byford ha fichado a otro viejo: Brian Tatler de Diamond Head. La elección no puede ser más apropiada: su guitarra engorda el sonido con unos sólidos riffs que se cuidan mucho de no perder ni un pelín de elegancia y estilo. Desde luego no se puede negar el buen criterio mostrado, puesto que Tatler se adapta al sonido Saxon de un modo tan natural que parece que llevase calentando tras la línea del escenario desde hace años para entrar como un torpedo cuando se le necesitase.

Hell, fire and damnation es un álbum de una robustez que acompleja, de una contundencia que intimida, de una seguridad que apabulla, y con tal estilo que en lugar de presentarse en un escenario debería pasearse por una pasarela (si es que esos lugares tuviesen alguna relevancia). Las dinámicas son impecables, el ritmo inagotable, la riqueza abundante. Todo bañado en melodías y estribillos de alta escuela.

Esto no le sale a cualquiera, hay que ser viejo para poder crear algo así. Por eso he cargado este artículo premeditadamente y sin epítetos con esa palabra. Para dar gracias a los viejos por, como solían hacer, enseñarnos y regalarnos su sabiduría.

SAXON - Hell, fire and damnation_Cover
SAXON:
BIFF BYFORD: Cantante
NIGEL GLOCKLER: Batería
DOUG SCARRATT: Guitarra
BRIAN TATLET: Guitarra
NIBBS CARTER: Bajo

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