PAUL GILBERT «Werewolves Of Portland» (Mascot Label Group / The Players Club, 2021)

Karaoke gourmet. Por José Ramón González.   Seguramente a cualquiera que conozca a Paul Gilbert le basta con leer su nombre en esta reseña y saber que tiene un nuevo disco para, sencillamente, hacerse con él sin necesidad de tener más información. El resto de la hoja en blanco hablaría por sí solo. Sobran los comentarios y los halagos. El buen aficionado tiene la certeza de que se va a encontrar ―y reencontrar― con una colección de canciones repleta de sorpresa, creatividad, originalidad y técnica sin igual. En algunas entrevistas recientes publicadas con motivo del lanzamiento de su nuevo álbum, me ha llamado la atención leer que Gilbert desarrolla sus composiciones como si de canciones con letras se tratase, porque es algo a lo que hice referencia al comentar su anterior disco Behold Electric Guitar (2019). Allí decía yo que no me habría extrañado encontrar las letras de las canciones dentro del libreto del álbum. Pues hete aquí que Paul Gilbert explica en estas entrevistas que comienza la composición de las canciones escribiendo letras para ellas. Tiene gracia. Podríamos interpretar esta concordancia como una muestra innegable del enorme potencial de este artista para trasmitir sus ideas, inquietudes y emociones a través de su música. Ese camino de comunicación abierto hace dos años tiene su continuación en este nuevo trabajo en el cual Gilbert se ha hecho cargo de todos los instrumentos: bajo, batería y teclados, además de guitarra, con lo cual es posible que se haya perdido algo de esa chispa, espontaneidad e improvisación que se produce con los músicos tocando juntos, especialmente en piezas instrumentales como es el caso. Exigencias de la pandemia. A cambio podemos dejarnos asombrar por la capacidad inusual de este inimitable músico para solventar la papeleta más que sobradamente bien al asumir la tarea de tocar todos los instrumentos. En su decimosexto álbum el guitarrista de Mr. Big vuelve a sacar rendimiento a la fórmula mágica de las melodías contagiosas, a los desarrollos instrumentales vertiginosos que se digieren como las cancioncillas aprendidas en las clases de educación infantil y que se quedan en nuestra memoria para siempre; a hacernos creer que su guitarra no solo habla sino que también aúlla como un lobo y que en la pantallita de nuestro reproductor van a empezar a deslizarse las letras de las canciones como en un karaoke. Puede dar la sensación de que Werewolves of Portland no es tan inmediato como su anterior disco, pero es sólo la apariencia. Desde luego el álbum tiene muchas capas e infinitas posibilidades de disfrute, pero al mismo tiempo conserva esa capacidad de envolver tanto a los oyentes menos sesudos como a los fanáticos de la guitarra, quienes intentarán emular con comprensible frustración los desarrollos de su admirado guitarrista animados por la aparente accesibilidad de las canciones, las cuales llevan en su ADN toda una compleja hiperconexión de ideas y recursos técnicos que pertenecen exclusivamente al propio Gilbert, terriblemente disfrutables como oyente pero, me temo, inalcanzables para quien no se llame como él. PAUL GILBERT: Guitarra, bajo, batería y teclados.