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MINDHUNTER. Serie creada por Joe Penhall.

MINDHUNTER. Serie creada por Joe Penhall.

Llama azul.

Por José Ramón González.

 

Para que una serie atrape el interés de muchos aficionados hay que decir, casi obligatoriamente, eso de que “engancha”. En el caso de Mindhunter se produce esta adicción, aunque no como se suele entender, como esa necesidad ansiosa de tener que ver un episodio tras otro. En el caso de esta serie la adicción es más profunda, pues tras el visionado de cada uno de sus episodios uno siente que la serie no lo abandona, sigue dando vueltas en su cabeza, intentando organizar lo que ha visto, tratando de dar sentido completo a cada una de las escenas y procurándose una justificación para seguir viendo algo que trata de asuntos bastante desagradables. Las imágenes y las escenas se quedan pegadas a la memoria y lo acompañan irremediablemente hasta que ve el siguiente, que reemplaza en acoso memorístico al anterior y que se suma a él. Por eso conviene dejar que cada uno se digiera bien, lentamente, que vaya dejando su poso y nos prepare para sacar todo el jugo al siguiente.

La tentación de escribir que es la mejor serie de los últimos años me cosquillea en los dedos cuando me decido a hablar de la creada por Joe Penhall, y en la que David Fincher ejerce de productor además de encargarse de la dirección de los dos primeros y los dos últimos episodios de la temporada. Mindhunter está basada en el libro de Mark Olshaker y John Douglas y relata cómo dos agentes del FBI tratan de cambiar en los años setenta las técnicas de investigación para lograr entender cómo y por qué actúa un asesino en serie –terminología ésta que ellos mismos acuñan–, y así llegar a anticiparse a esos crímenes. Psicología criminal. Recordemos que Truman Capote ya había publicado en 1966 una de sus obras maestras, A sangre fría, la estremecedora novela de no ficción en la que entra en contacto con dos asesinos para reconstruir el asesinato inexplicable que cometieron en 1959, trazando un perfil psicológico de los dos personajes.

La serie no ofrece imágenes particularmente espeluznantes, repulsivas o duras; al contrario, se preocupan mucho de que no se vea casi nada –no hay más que fijarse en los títulos de crédito a los que acompaña la música de Jason Hill en los que se lanzan fogonazos de imágenes que son imposibles de captar, y que juegan con el espectador a querer ver lo que se niega a querer ver–. Sólo sabemos lo que cuentan los investigadores y los propios asesinos, pero poco vemos de lo que han hecho ni cómo lo han hecho, únicamente contamos con el relato que nos llega de ellos y alguna fotografía que pasa por delante.

Este tratamiento y su contenido están directamente emparentados con los que manejaba el propio Fincher en la magnífica Zodiac. La fotografía dorada y cálida de Erik Messerschmidt y Christopher Probst y el ritmo razonablemente pausado dan ese tono de tensión y recreación de época que enmarcan la serie en un estilo tan reconocible.

Acompañamos a los agentes Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany) en sus investigaciones, y los vemos dar palos de ciego al intentar aplicar técnicas de la psicología para atrapar criminales. El FBI no apoya la investigación que, por cierto, realizan ellos por su cuenta, pues, como dice el jefe de unidad Shepard, el FBI actúa cuando se ha cometido el crimen y no antes. El trabajo de prevención no existe, no se piensa en evitar el crimen antes de que se produzca. Por eso se da un choque importante entre lo tradicional y lo innovador. En el FBI, Holden y Bill no encuentran más que trabas. Sus métodos y técnicas, que son consecuencia de probar lo que no se ha hecho y que no se sabe si va a funcionar, se observan con desconfianza por parte de su jefe y por casi toda la comunidad. No hay más que comprobar cómo reaccionan los policías cuando Holden intenta enseñarles técnicas de negociación con rehenes y les pregunta: “¿No queréis usar tácticas diferentes, preferís siempre usar armas de fuego?”; uno de ellos responde: “Prefiero armas de fuego, es más seguro”.

Holden es el personaje principal –ese nombre no creo que sea casual–, un tipo inquieto y con aspiraciones aunque de personalidad retraída e imprevisible, que puede quedarse callado o actuar impulsivamente sin pensar en las consecuencias si cree que puede obtener resultados. Holden no encaja, ni en el FBI, ni en una relación sentimental, ni con su compañero de trabajo; tampoco sabemos con exactitud de donde viene, es escurridizo. Eso lo vemos reflejado en una escena estupenda en la que, en el primer episodio llega a casa, tira la chaqueta al respaldo de una silla y ésta, poco a poco se escurre y se cae.

Cuando Holden conoce a Debbie Mitford (Hannah Gross), una estudiante de postgrado de Sociología, todo empieza a funcionar, pero también es el primer paso para que se produzca la peligrosa contaminación entre los asuntos personales y profesionales. Sin duda, el trabajo de Holden empieza a afectar a su relación con Debbie a quien comenta y consulta esos asuntos turbios, esas perversiones de los asesinos a los que va conociendo y que empiezan a obsesionar al agente. Sus pequeños avances, la obtención de resultados revierten en la autoestima de Holden, que no siempre digiere con moderación. Ya le había dicho Bill en su primer encuentro que es un “llama azul” por su ansiedad por querer hacer su trabajo bien.

Bill es un policía con más experiencia, del departamento de Ciencias del Comportamiento. Es éste el que le ofrece acompañarlo en sus “giras” por diversas comisarías a dar cursos a los policías. A partir de ahí no sólo esas visitas, sino el viaje que los lleva de un lugar a otro se transforma en conocimiento, y con ello el viaje no sólo es geográfico. A partir de que Holden le propone ir a visitar a los que van a llamar “asesinos en serie”, aprovechando esos viajes, el interior del vehículo en el que se trasladan es un confesionario igual que pueden llegar a serlo (en otro sentido) las entrevistas que tienen con los asesinos. Las entrevistas en la cárcel muestran cómo actúan profesionalmente; las conversaciones en el coche son el tránsito entre su trabajo y su vida privada. En las cárceles conocemos a los policías; en el coche empezamos a conocer su vida personal y cómo evoluciona la relación entre ellos. Y ese viaje es de ida y vuelta, ya que según avanza la serie ambos se mezclan, se confunden y se equiparan (aquí es culminante el episodio de los zapatos).

La primera de las entrevistas es con Edmund Kemper, un asesino que existió realmente, interpretado de forma impresionante por Cameron Britton. El rechazo/atracción que provoca este personaje creo que es el imán de la serie, el que hace que entremos en el juego de los policías, que se refuerza con la presencia de Anna Torv –a quien no veía desde Fringe– como Wendy Carr, que se hará cargo del grupo ya oficialmente establecido como tal.

Mindhunter va creciendo en intensidad, interés y complejidad a cada episodio, se va haciendo grande y admirable, difícil y fascinante. Va ampliando su onda expansiva a círculos cada vez más profundos, llevándonos a reflexionar sobre qué significa ser diferente, cómo miramos al que se sale del patrón una vez que se establece (como ocurre con la magnífica historia del director del colegio), cómo se sospecha de todo, cómo cualquier acto es susceptible de ser analizado y, posiblemente, criminalizado. Y si se quiere predecir una actividad criminal ¿cómo saber con certeza que se ha impedido si nunca se va a llegar a cometer?

La investigación criminal también es auto analítica, porque en realidad ¿quién es “normal”, si es que sabemos qué es eso? Holden no, desde luego; Bill tampoco, ni su hijo, ese niño adoptado que ha decidido no hablar; ni Wendy… Entonces ¿quién es diferente y cuándo esa diferencia puede ser peligrosa?

Cuando llegamos al último episodio sabemos que estamos ante una serie con un enorme potencial, con personajes magnéticos, historias perturbadoras, que tiene la impronta de las que quedan en la memoria y de las que es difícil desprenderse. Fincher ya ha anunciado la segunda temporada y la temática que va a abordar en ella. A esta serie no es posible engancharse porque sí que logra lo que quieren Holden y Bill en su trabajo: anticiparse; cuando uno quiere darse cuenta ya es preso de Mindhunter.

 

MindhunterntklxDirectores:
David Fincher
Andrew Douglas
Asif Kapadia
Tobias Lindholm
Intérpretes:
Jonathan Groff
Holt McCallany
Hannah Gross
Anna Torv
Cotter Smith
Cameron Britton
Guión:
Joe Penhall
John Douglas
Jennifer Haley
Música:
Jason Hill
Fotografía:
Erik Messerschmidt
Christopher Probst

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