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MIKE OLDFIELD «Return To Ommadawn» (Virgin, 2017)

MIKE OLDFIELD «Return To Ommadawn» (Virgin, 2017)

El Genio de Reading y su eternamente anhelado regreso a las raíces.

Por Javi Segura Ruiz.

 

Tras más de 33 años siguiendo la trayectoria musical de tu músico favorito, llega el momento de realizar la reseña de su más reciente obra, (nada menos que la vigesimosexta ya en su trayectoria), convirtiéndose en la primera que elaboro de su discografía; son muchas las sensaciones que me recorren mientras llevo a cabo la misma, pues no tan sólo pienso en este nuevo trabajo, pues me viene a la cabeza incesantemente todo su legado musical, ese con la que he crecido desde pequeño y que forma parte esencial de mi vida y que a buen seguro no tan sólo ha influido de manera notable en mis sentimientos, forma de pensar y ver las cosas, sino que además ha sido pieza indispensable para que a mitad de los 80 me comenzara a interesar por el hard rock, pues las guitarras, las inmensas y maravillosas guitarras de Oldfield, me transportaron poco a poco hacia este fascinante estilo musical.

Y es que el músico británico nunca fue reconocido como gran guitarrista que ha sido al nivel que merecía más allá de sus seguidores, pero este instrumento ha sido el principal y fascinante mensajero de las emociones de su música durante cinco décadas; además de su discografía de estudio, el creador de “The Lake”, (indispensable la versión corregida y ligeramente aumentada en la edición Deluxe de “Discovery” de esta obra de arte), nos ha brindado memorables directos a finales de los 70 y principios de los 80, los cuales han sido testimonios de versiones rockeras y muy distintas en cada uno de ellos de sus largas piezas instrumentales donde demostraba su particular técnica y geniales dotes de versatilidad e improvisación sobre los escenarios con sus guitarras; dos ejemplos ineludibles son las magistrales interpretaciones de “Ommadawn” en Knebworth y Edimburgo en el año 1980.

La carrera de Mike Oldfield mantuvo un más que aceptable nivel hasta “The Songs of Distant Earth” (1994); desde entonces ha transcurrido con más pena que gloria, pues está repleta de altibajos en sus posteriores ocho trabajos de estudio, (sin contar la regrabación de “Tubular Bells”); en todos ellos hay muchos grandes momentos con los que el Genio de Reading nos ha seguido deleitando pero ninguno, bajo mi criterio, supuso un disco completo y redondo como los de antaño; es por ello que el mito se ha ido derrumbando poco a poco, pero a pesar de ello un nuevo disco suyo siempre supone unas sensaciones, unos nervios, un cosquilleo en el estómago que pocos, muy pocos artistas o grupos consiguen producirme a pesar de ser consciente de que lo más coherente desde hace ya demasiado tiempo es no ilusionarse demasiado y conformarte con esos momentos puntuales pero de un valor inconmensurable que siempre ofrece su talento.

En los últimos dos o tres años, el hasta entonces “hermético” y poco accesible Oldfield se ha abierto más a sus seguidores gracias a las redes sociales; es más, hemos podido conocer con asiduidad los datos actualizados del proceso de grabación de su nueva obra; quienes sabemos de su especial y volátil carácter, no nos sorprendía demasiado los continuos cambios de ideas que iba comentando hasta que al final la musa de la inspiración le guió por el camino a seguir: dijo que iba a grabar una precuela de las Campanas Tubulares, más tarde la cuarta parte de las mismas que por suerte se quedó en el camino, (aunque a día de hoy parece inevitable que nadie nos pueda librar de ella pues ya la anda “cocinando”), después decía que pensaba en realizar un disco acústico, semanas más tarde uno de rock…..

Fue en octubre de 2015 cuando apareció la idea de realizar un trabajo, (bien precuela o secuela) con reminiscencias de “Ommadawn”, aquel legendario disco de 1975 venerado por la inmensa mayoría de sus fans, pero a las pocas semanas nos decía que la música iba adquiriendo una dirección propia, por lo que en principio no iba a ver referencias a tal magna obra, aunque finalmente no ha sido así; pero lo importante era que estaba realizando un trabajo artesanal, a la vieja usanza, con instrumentos clásicos y dejando las tecnologías de vanguardia que tanto siempre le han entusiasmado en un segundo plano… Por si fuera poco, se mostraba eufórico transmitiéndonos que hacía muchos años que no se lo pasaba tan bien componiendo música en el estudio, una “producción genuina de manos, dedos y uñas donde he regresado a mi verdadero yo”, (según sus propias palabras durante la promoción del trabajo). ¡Todo pintaba muy bien!

Con todo ello, ¿qué puñetero fan de este hombre no se iba a volver a emocionar al instante? Las expectativas eran enormes y emocionantes.

Como dato curioso se atrevía a preguntar si deseábamos un disco “perfecto”, corrigiendo todo tipo de errores que se produjeran en el proceso de grabación del mismo; como el deseo mayoritario fue que la música sonara lo más espontánea posible y Mike nos hizo caso, se puede notar en diferentes momentos detalles de dicha “permitida imperfección”, como varios punteos de guitarra “que se van”, que podrán gustar más o menos, pero que no dejan de darle un plus añadido a ese toque especial y natural de la composición.

He de reconocer que, pese a todo ello, durante todos estos meses de antelación, se me hacía extraño “visualizar” a Oldfield realizando un álbum de estas características en su casa de Nassau en Las Bahamas, inmensamente alejado de las campiñas galesas donde imaginas sería el “hábitat natural” más previsible para recuperar la magia e inspiración de décadas anteriores.

En enero de 2016 anunciaba el final de la grabación de la primera parte y en mayo, (con varios retoques posteriores) el final de la segunda; mientras, nos hacía la boca agua con capturas de pantalla en las que nos mostraba títulos de los distintos fragmentos de la nueva música creada así como el listado de instrumentos utilizados; todo ello hacía recordar de ipso facto a “Amarok”, esa obra de arte que parió en 1990, su disco más anti comercial y a la vez posiblemente más asombroso y desafiante de toda su amplísima discografía; de hecho, ya de por sí “Amarok” contenía connotaciones musicales “ommadonescas” evidentes e incluso para muchos podría haberse llamado “Ommadawn II”, hecho que en absoluto comparto pues el disco tenía su propia y absoluta personalidad pese a los momentos en que podía recordar, (en ningún caso emular), la legendaria obra creada en la década de los 70.

El título, como suele ocurrir en estos casos, es un arma de doble filo, pues si ya de por sí son muchos a los que no les gusta nada la idea de que se realice este tipo de referencias, los ataques a degüello y sin escrúpulos se convertirán en auténticos ensañamientos si la música no cumple a la altura de las expectativas creadas, pero supongo que este hecho poco debe importar a un músico que ha realizado dos secuelas de su obra más célebre, siendo la segunda de ellas de una más que dudosa calidad en buena parte de la misma si nos atenemos al peso y responsabilidad que su nombre conlleva.

Los seguidores oldfianos siempre hemos pensado que buena parte de su mejor obra ha sido concebida en momentos personales emocionalmente convulsos del artista británico; los últimos años así lo han sido debido principalmente a la pérdida de seres queridos; veamos pues si ello se ha visto reflejado en la música que se guarda bajo esa portada difícilmente justificable y para mi bastante fuera de contexto.

Para empezar, diré algo esencial: “Return To Ommadawn” está repleto, plagado y atrapado por guitarras de principio a fin: acústicas, eléctricas, (entre ellas esa fascinante PRS que es la única seis cuerdas que no vendió y aún conserva de su antigua y desaparecida colección), guitarra flamenca, mandolinas, etc. suenan a destajo y por doquier, haciendo que sean pocos los segundos de la obra en el que no aparezca alguno de esos instrumentos; tan solo con ese detalle, el maestro ya tenía enfilada hacia el bolsillo a su parroquia; quizás no mantenga la destreza técnica del pasado, (por dejadez más que por la edad del músico), pero sigue impregnando todas y cada una de las notas de esa emoción y sutileza indescriptibles, de esas que a sus seguidores nos atraviesa las entrañas de modo eufórico e inenarrable.

Otro detalle imprescindible a tener en cuenta es que no estamos ante un “Ommadawn II”, pues no ha vuelto a darle una vuelta de tuerca a las melodías originales para crear otras a partir de esas como hizo, (¡y de qué manera tan magistral!) con “Tubular Bells II”, sino que ha creado toda una sinfonía de armonías nuevas, frescas y con el ADN total y absoluto de su imprenta musical; de todos modos era obvio que debían haber momentos que recordaran a su hermano mayor como veremos en las dos partes de unos 20 minutos en que se divide el trabajo, al estilo de sus longevas obras, tanto en la estructura como en la falta de multipistas como con las que empezó a dividir sus instrumentales a partir de 1992.

La primera parte del disco es realmente buena; los sonidos celtas relajados intercalados con toda clase de guitarras, (incluyendo algún riff hard que ya firmarían muchas bandas de rock), nos acompañan hasta la primera gran y estremecedora melodía que aparece a mitad del minuto 6 y que en la parte final de estos primeros 21 minutos alcanzará el punto álgido con las eléctricas, recordando esas míticas guitarras de “Ommadawn”; pero hasta llegar a ese “pico de clímax”, (como me gusta denominar estos momentos de máximo éxtasis oldfianos), seguimos con esos pasajes musicales que desembocan en la percusión africana y coros originales de 1975 invertidos para la ocasión; es, sin duda, el principal momento donde se entrelazan ambas creaciones separadas entre sí 42 años; tras dos minutos del mencionado solo de guitarra, retomamos la melodía celta inicial acompañada de mandolinas y acústicas para finalizar la primera mitad de la obra…

…Y llegamos al comienzo de la segunda ¡y en esta parte el Señor Campoviejo lo borda! Preciosa la melodía principal que ya nos acompaña desde el principio y que se desarrolla durante todo esta pieza, alcanzando el “pico de clímax” al ser interpretada por la PRS a mitad del minuto 8; hasta dicho momento van sucediéndose una serie de maravillosos pasajes acústicos en las que esas guitarras se intercalan de manera sublime con las eléctricas, dialogando entre ellas de esa manera que tan solo él sabe transmitir; pero… atención seguidores oldfianos… no sé a vosotros… pero pasado el minuto 5 y con la entrada del bodhran (¡de aquí en adelante esto destila una esencia “Amarok” que echa para atrás!) hasta la guitarra del 6:25 tiene el sonido de aquella gloriosa speed guitar en el memorable solo de 1990, (eso sí, salvando y mucho las distancias, que nuestro héroe ya no está para esas velocidades); en esta ocasión se desarrolla todo de un modo más sosegado como exigía la ocasión y sin aquel mágico “descontrol controlado” de su hermano mediano, pero es que todo fluye impregnado del aroma de aquel controvertido y maravilloso disco.

Los últimos tres minutos ofrecen una estupenda sección folk-acústica con risueños y acertados guiños a “On Horseback”, poniendo el epílogo “in crescendo” junto a las eléctricas de una manera antológica.

Muchas veces hablamos de la complejidad musical de sus piezas instrumentales, pero las melodías sencillas, aquellas de pocas notas que un recién iniciado a la guitarra sabría interpretar en poco tiempo pero que nadie como él sabe crearlas y transmitir esa magia fascinante, son en la mayoría de ocasiones el camino a seguir hacia el éxtasis musical de su obra; en “Return To Ommadawn” encontrarás multitud de ejemplos de ello…

Oldfield ha vuelto a sus orígenes, a aquel estilo el cual podía permitirse el lujo de abandonar temporalmente dada su eterna inquietud por adentrarse y explorar nuevos territorios musicales, pero jamás durante tanto tiempo como lo ha hecho.

Manos, dedos, uñas… pasión, sensibilidad, emociones a flor de piel; Oldfield ha regresado a su verdadero yo, a reencontrarse consigo mismo, con su música y con sus seguidores, regalándonos algo que la mayoría ya dábamos por imposible… la desmesurada ansiedad que sentíamos hace más grande aún a este trabajo, pues las expectativas en el mayor número de casos a buen seguro que se habrán visto colmadas; encontrarás fallos, hubieras desarrollado más esta o aquella melodía, te gustará mas la primera parte que la segunda o viceversa, incluso muchos no la catalogarán entre sus más grandes creaciones, pero esto es música de Mike Oldfield con todas y cada una de sus credenciales.

La producción y mezclas del disco son espectaculares; todo suena absolutamente nítido y transparente, como cabía esperar de uno de los mejores músicos de estudio del planeta, conservando a la vez plenamente la esencia musical que el momento requería.

Si piensas escuchar “RTO” un par de veces ni te molestes en perder el tiempo, pues es más que probable que te deje frío e indiferente; éste es un trabajo de puro Oldfield, de aquel que te va atrapando sin piedad ni compasión con las reiteradas escuchas, no logrando disipar en el horizonte el límite de hasta donde puede llegar el entusiasmo que sientes por él; deja esa una o dos audiciones para buena parte de la supuesta “crítica especializada”, aquella que tras realizar el supremo esfuerzo de realizar como mucho un par de escuchas, no se tomará la molestia de ir más allá y utilizará palabras como auto plagio, refrito, oportunismo, para calificar este nueva obra y que no tienen ninguna razón de ser para el mismo.

Varios de mis momentos favoritos de la discografía del de Reading transportan mi mente y alma hacia una cosilla de tres añitos que revolotea por la casa; sentarme durante 41 minutos delante de su camita mientras duerme escuchando a través de los auriculares, (imprescindible para destripar toda clase de matices) “Return To Ommadawn” ha sido una sensación maravillosa y gratificante que he sentido como padre; algo muy íntimo y personal, pero que tenía la necesidad de compartir con muchos que seguro se sienten identificados con ello y para que otros tantos puedan intentar imaginar el envolvente poder cautivador que tiene la música de este hombre para todos aquellos que la amamos y que con esta reciente joya nos ha hecho inmensamente felices, entusiasmarnos de pleno e incluso llorar de la emoción.

Ha vuelto el Genio de Reading, ha vuelto el músico, ha vuelto el guitarrista único e irrepetible; la (escasa) publicidad que Virgin concedió a “Amarok” decía la frase “Lo último de Mike Oldfield es más Oldfield que nunca”… podemos dar fe de que, 27 años después, dicha sentencia resurge de modo celestial para aplicarla también con total plenitud y vigencia a esta nueva composición.

“Ommadawn” 1975 / “Amarok” 1990 / “Return to Ommadawn” 2017
¡Bendita trilogía!
¡GRACIAS MAESTRO!

 

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MIKE OLDFIELD: Guitarras Acústica, Clásica, 12 Cuerdas y Eléctrica, Bajos Eléctrico y Acústico, Mandolina, Arpa, Bouzouki, Banjo, Piano De Cola, Espineta, Órgano Farfisa, Sintetizadores ARP 2600 y Solina, Bodhrán, Glockenspiel, Acordeón, Marimba, Gong, Campanas Tubulares

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6 Comentarios

  1. SIMPLEMENTE,,,,,,,MARAVILLOSO ,GENIAL ,SUBLIME ,INTIMO PERSONAL,
    Consigues que pueda percibir tantas emociones y sentimientos como lo haces llegar tu.
    Tengo que felicitarte de nuevo,por tan gran critica llena de sensaciones ,,,de sentimiento….y que te invita al disfrute de este ultimo gran trabajo del MAESTRO!! el gran MIKE.

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  2. Imagen de perfil de Joserra

    Emociona comprobar cómo la música es algo tan importante en la vida de algunas personas. Textos como éste lo expresan perfectamente.

    Y además habrá que prestarle atención a este disco.

    Felicidades por el trabajo, Javi.

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  3. Imagen de perfil de starbreaker

    Muchas gracias Susana y Joserra.
    Como ya le dije a Jesús, ésta posiblemente sea la crítica mas importante a nivel personal que jamás haré en mi vida…será mejor o peor…gustará más o menos….pero en ella me he dejado el alma y el corazón….hacía muchísimos años que esperábamos algo así del Genio de Reading…no será quizás una obra maestra, pero nos ha llenado de un modo sublime cuando ya lo dábamos por perdido….y si…la música es muy importante para muchos de nosotros…a ti seguro que ni te he de hablar acerca de ello porque la sentirás tanto como yo….y este hombre me ha marcado desde pequeño…un saludo Joserra!

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  4. Javi, me gusta mucho tu reseña. Escucho a Olfield casi a diario desde que tenia 14 años, y ahora tengo 47. Efectivamente, una escucha superficial no aporta las emociones increibles que desatan sucesivas escuchas de las obras instrumentales de Mike. En el caso de RTO, estoy atónito ante la limpia belleza de sus melodias. No me esperaba nada parecido a estas alturas.
    Sí: bendita trilogia.
    Saludos

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  5. Imagen de perfil de starbreaker

    Muchas gracias por tu comentario Tama; me alegro que te haya gustado la reseña.
    Los oldfianos de cuna sabemos perfectamente que sus grandes obras hay que destriparlas sin prisa pero sin pausa para que te vayan calando y atrapando cada vez más y más.
    Ahora a esperar qué nos ofrece con la «Cuarta Campanada»; preocupado me tiene, pues si bien con RTO no paró de hablar en las redes de su proceso como bien señalo en la reseña, en este caso no cuenta absolutamente nada; lo único que creo recordar que dijo era que tenía la melodía perfecta de piano para la intro, (¡miedo me da tras la penosa realizada para la tercera parte!), ¡y lo comentó incluso antes de la aparición de RTO!.
    En fin, a esperar toca.
    Un saludo Tama.

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  6. Por favor, está a años luz de, por ejemplo, un «Crises» o un «QE2», no digamos ya de los 5 grandes, grandes. Un quiero y no puedo. Ideas pequeñitas. Inspiración muy a ras de suelo, o subsuelo. Pobre hombre. Toda su madurez tirada a la basura. Décadas de desidia. Melodías sobadas y blanditas. Comprendo la emoción, después de tanta miseria, una obra como las de antes (creía yo, iluso), dividida en dos grandes suites, pero ni rastro de la sublime genialidad que nos atrapó, hace ya tanto tiempo. Oldfield fue un Dios. Ahora… Volviendo al disco, pues casi lo esperado, demasiado refrito adornado para el gusto «new age» actual, arpegios que recuerdan a delirios pasados, pero todo muy bien colado, edulcorado, esa es la verdad.
    Escribo ahora porque a ciertas obras hay que dejarlas madurar. Pero este disco será igual de soso y endeble siempre.

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