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MANOWAR “Into Glory Ride” (Megaforce Records, 1983)

MANOWAR “Into Glory Ride” (Megaforce Records, 1983)

El estrecho espacio que separa el ridículo de la gloria.

Por José Ramón González.

 

Se les pueden hacer muchos reproches, tanto durante la mejor etapa de su carrera como en la actualidad, pero sin duda hubo un momento en el que lograron encarnar aquello en lo que creían y hacerlo creíble para los miles de aficionados que empezaban a seguirlos. Manowar crearon una ficción, y lo hicieron tan bien, tan creíble y tan potente, que durante aquel tiempo no hubo más remedio que caer rendido ante ellos. En aquella época, cada vez que veía Conan, la película de John Millius de 1982, esperaba ver entre los guerreros que salen en ella a los miembros de Manowar. Si aquello fue posible se debió sobre todo a algo sin lo cual esa apariencia y esa actitud intolerables en otro contexto serían simplemente ridículas: la música era gloriosa.

A través de su música supieron dar forma, músculo, épica, espíritu y trascendencia a un concepto fantástico que estaba tan cerca del ridículo como de la gloria. Por ello, haber sabido elevarlo a categoría musical y artística de modo tan brillante, al menos durante una época, merece la admiración de los aficionados al rock. La forma de cantar tan entregada de Eric Adams hacía imposible no creer lo que cantaba: «For when we march, your sword rides with me». Adams era capaz de moverse en diferentes registros con tanta convicción como un actor de la Shakespeare Company.

Aquello duró, siendo muy generosos, hasta 2002. La rutina en los excesos, la repetición de esquemas, la trivialidad en la impostura que manchaba todo lo que tenía de creíble y divertido lo que habían conseguido hasta entonces, han arruinado los últimos veinte años de carrera de la banda. Uno soñaba con esperar a que se hicieran mayores para poder escuchar cómo sonaría la música de la derrota épica de los guerreros viejos y vencidos. Sin embargo, la decepción ha sido mayúscula al contemplar que lo único que han alcanzado ha sido la embriaguez del exceso y la pereza. Guerreros ebrios de sí mismos y cansados a los que ha abandonado su espíritu, acomodados en la adulación hueca a sus incondicionales y para los que las puertas de Valhalla no creo que se vayan a abrir, sobre todo porque probablemente ya no sepan cómo llegar a ellas. Al menos los veinte años anteriores fueron incomparables.

Into glory ride fue el segundo disco de la banda norteamericana tras un debut con un sonido más setentero en las guitarras pero que ya perfilaba algunas líneas estructurales y estilísticas, y es, posiblemente, uno de los más importantes de su carrera para consolidar su imagen y su música. En él la temática de la mitología guerrera domina prácticamente todo el álbum, imprescindible para decidir si uno va a odiarlos o a adorarlos de ahí en adelante. Las siete canciones que integran el álbum son siete composiciones insustituibles e icónicas del universo Manowar. Lo mejor de la banda está aquí, donde son capaces de hacer del exceso y la hipérbole virtud. Un clásico indiscutible.

Una de sus canciones de carretera abre el álbum y es ya una creación referencial de la banda y recurrente en su temática. “Warlord” es antecedente de “Wheels of fire” aunque inigualable en su sonido rockanrolero bélico. El otro asunto habitual en la banda es la alabanza al propio metal; en este álbum la cosa se corona con la joya “Gloves of metal”, canción que consiguió más conversos a su causa que los Reyes Católicos a la suya.

A partir de aquí todo es épica. “Secret of steel” es a la mítica del metal lo que el salto de Bob Beamon al atletismo, uno de esos momentos irrepetibles que han quedado para que la eternidad pueda saborear un momento prodigioso. Canción que define el sonido de la banda en el que el bajo de Joey DeMaio, compositor de casi todo el catálogo de la formación, asume un protagonismo muchas veces excesivo ―esta palabra, como se ve, es recurrente cuando se habla del grupo― y que ahí se hace firma y sello. Ross The Boss logra su paso a la historia y Scott Columbus hace desfilar el ritmo imparable de esta marcha hacia la gloria de los tópicos y las leyendas del metal (el de las espadas y el de la música). La letra no dice nada en concreto y sugiere mucho a través de los lugares comunes exprimidos con criterio. Eric Adams hace que la canción alcance cotas inasumibles para quien se atreva a intentar imitar esto. Su interpretación es impecable.

Para comprobar el alcance de la voz y la interpretación de Adams hay que viajar hasta “Gates of Valhalla”, otra composición clásica de Manowar: icónica, inmensa. Como en las grandes películas, sus siete minutos pasan como si no lo fueran. En esta canción no se está contando una historia de fantasía, es la indudable realidad de un guerrero que en primera persona, como en muchas otras canciones del grupo, cuenta su historia, en este caso al llegar al fin a las puertas de Valhalla.

“Hatred” fue la canción que no supe apreciar hasta años después. Se me atragantaba en mi adolescencia hasta que supe penetrar en la oscuridad del odio como fuerza impulsora. La composición es densa y lenta como un trago de aceite, con una atractiva parte central tan salvaje como elegante. Es rabia a punto de desbordarse, contraste de sensaciones, dientes apretados instantes antes de expulsar el rugido.

El ritmo cabalgante de “Revelation (death’s angel)” es un referente para entender la plasticidad de la música de Manowar en esos momentos. Además, qué bien entra la canción después de la tensión de “Hatred”. Aquí es una voz externa la que habla del protagonista de la composición. Esa distancia le proporciona una gran fuerza narrativa.

Si después de todo esto, los músicos no hubiesen sido capaces de cerrar un álbum como Into glory ride con una canción de altura, habrían errado fatalmente. Sin embargo, “March for revenge (by the soldiers of death)” es épica musical casi wagneriana. Que me disculpen los puristas de la música clásica, pero esto es al metal lo que El anillo del nibelungo a la ópera. Sus ocho minutos y medio conducen a los seguidores por batallas, sangre, espadas… Se pasa del caos del enfrentamiento, perfectamente descrito por la percusión, a una sección lenta que casi detiene todo el sonido a su alrededor. De ahí a la venganza hay pocos pasos, que desembocan en un final rotundo con coros y explosión musical. Fin.

Into glory ride es un álbum sin par, y a pesar de ello tiene, paradójicamente, un hermano gemelo, Hail to England, al que se le pueden aplicar la mayoría de los comentarios dedicados a éste pero, como se dice al final de Conan, «eso ya es otra historia».

 

ManowarIntoGloryRidecover
MANOWAR:
ERIC ADAMS: Cantante
JOEY DEMAIO: Bajo
ROSS THE BOSS: Guitarra, teclados
SCOTT COLUMBUS: Batería

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