HEART «Passionworks» (Epic Records, 1983)

Los unos y los otros Por José Ramón González.   En la discografía de Heart hay un par de álbumes que más que ocultos, diríanse perdidos, y si no como poco olvidados, de los que casi nunca se suele hablar —o quizás sí se habla pero mi aislamiento social en el ámbito virtual me hace percibirlo así—. De lo que tengo bastante certeza, porque lo he leído y escuchado en diversas ocasiones, es de que se encuentran discriminados por unos y otros (ahora expondré quiénes son cada uno, aunque es fácil entender a qué me refiero cuando se habla de la carrera de la banda de las hermanas Wilson). Son los dos discos que marcan en su historia el período de transición del hard rock setentero, con elementos folk e influido por Led Zeppelin (referencia insoslayable para la banda) al hard rock melódico y al AOR que constituye su etapa más exitosa. Para los que habían sido seguidores del grupo hasta ese momento —aquí están los «unos»— ese cambio no fue bien encajado y se desentendieron de la banda definitivamente cuando lanzaron el disco al que dedicamos este artículo; para los que no habían prestado atención a las Wilson (los «otros»), Private audition (1982) fue una primera llamada de atención y Passionworks el «me lo apunto» antes de pasar a formar parte del club de seguidores cuyo documento de admisión bajo el nombre Heart (1985) firmarían definitivamente. Para los «unos» todo lo que ocurre después de Bebe Le strange (1980) carece de interés; para los «otros» sólo existe Heart a partir de Heart, por lo que esos dos discos quedan en el abismo; más propiamente dicho podríamos considerarlos el puente que cruza el abismo que separa dos épocas prácticamente irreconciliables. Para Ann y Nancy Wilson también resulta incómoda esa dualidad artística en su carrera, dado que ellas mismas han tomado partido por una de las dos, y no ha sido precisamente por la más exitosa: desde comienzos del siglo XXI han retirado casi por completo de su repertorio toda composición de la década de los ochenta (digo «casi por completo» porque «Alone» ha seguido sonando en diferentes formatos, sobre todo acústico, «These dreams» no suele salir del setlist y «Wild Child» se les ha escapado alguna vez). En general han renegado de esa época con la que no se sienten en absoluto identificadas puesto que no se ven representadas en ella como artistas, muchas composiciones no eran suyas y el sonido viró hacia lo comercial, aunque no exento de calidad: Heart no han firmado un disco malo, a pesar de lo que digan los «otros» cuando en 2004 se publicó Jupiter’s Darling en el que retomaban su sonido original, sus raíces. No voy a desaprovechar la ocasión para hacer una breve paráfrasis personal sobre el asunto, partiendo de que no soy de los «unos» ni de los «otros». Como muchos de mi generación, conocí a Heart con su disco de 1987 Bad animals. Por medio de los álbumes de esa década llegué a sus títulos anteriores y disfruté con ellos tanto como con los ochenteros: diferente estilo, misma calidad. Entiendo que las hermanas Wilson no se identifiquen con los álbumes que les proporcionaron mayor repercusión a nivel de popularidad, pero no que renieguen de ellos. De igual modo no es razonable despreciar sus trabajos anteriores y posteriores pues supondría incurrir en el error de identificar éxito con calidad. Lo que me parece indiscutible es que no existiría una época sin la otra, no hay cambio radical, y los dos discos a los que he hecho referencia al principio, y Passioworks en particular, acreditan esa evolución, ese cambio consciente y premeditado, esa transformación —tampoco hay que identificar evolución con progreso—. Que a partir del álbum homónimo de 1985 contaran con compositores externos (impuestos por la compañía, según reprochan las Wilson) es, casi con toda seguridad, el hecho decisivo que impulsa a las hermanas a que no sientan especial aprecio por esos trabajos; eso y la presión de la compañía empeñada en potenciar la imagen y, por tanto, la sexualidad de Ann y Nancy —y disimular las gorduras de Ann—. El hecho de los compositores externos sirve de respaldo a los que argumentan que Ann y Nancy por sí mismas no habrían alcanzado el éxito que obtuvieron, ya que en los trabajos de la época de los ochenta dos tercios de las canciones de cada disco no están compuestos por ellas, de ahí que tilden a sus creaciones de ser de calidad inferior. Otro error, en mi opinión. Por un lado, las canciones compuestas por las hermanas Wilson —muchas de ellas junto a Sue Ennis, no habría que olvidar la relevancia de esta compositora en la historia de la banda— no desentonan ni desmerecen respecto al resto de composiciones en esos álbumes; por otro, Passionworks es una prueba evidente de la calidad compositiva de la banda en el subgénero del rock melódico. Este disco de transición arrastra aún cualidades de la etapa anterior al tiempo que incorpora nuevas formas, estilos, características y maneras propios de la nueva dirección, y todo con canciones compuestas por Anne y Nancy, solas, juntas o con colaboraciones de otros miembros, excepto «Allies» que es una creación de Jonathan Cain. A esto podemos añadir que por mucho que esas canciones no sean creaciones suyas, en realidad sí son en gran parte suyas: nadie las puede interpretar como ellas, nadie aporta el estilo y la elegancia de los que las dotaba la banda y, por descontado, nadie canta como Ann Wilson. Me resulta gracioso verme defendiendo un disco, como si una obra de arte necesitara ser defendida. Es algo que hacen chalados para quienes esa obra tiene una relevancia concreta, para quienes el arte, en general, es importante. Y me parece más pertinente hacerlo en estos tiempos en los que el arte se percibe como poco más que un entretenimiento, o quizás no más que un entretenimiento: exposiciones inmersivas (no basta con contemplar un cuadro, ya hay que pisarlo y sobarlo), canciones de usar y tirar, películas que apuestan todo al espectáculo o, por el contrario, que han perdido el sentido de lo cinematográfico y son rodadas como si fueran documentales, sin ninguna intención estética ni casi narrativa, libros que se valoran al peso (éste es gordo, tiene que ser bueno)… Para «unos» y «otros» vaya este comentario cuya intención conciliadora espera sembrar la semilla de la duda en ambos o, al menos, invitar a recuperar un título que, escuchado hoy, puede presumir de una calidad sobresaliente, una personalidad indiscutible y un estilo y una clase de los que el nombre Heart casi es sinónimo. Este disco-puente debe servir para unir más que para marcar la separación en un arte que busca, más que otra cosa, emocionar. La canción más conocida del álbum es la que abre el disco. «How can I refuse» es una de esas composiciones indisociables del estilo Heart, con el característico ritmo de intensidad templada que tan extraordinariamente dominan. Esto es Heart, esto es rock melódico. Compuesta por Ann y Nancy junto a los recién incorporados Mark Andes (bajo) y el legendario Denny Carmassi (batería) además de Sue Ennis y el imprescindible guitarra durante la mayor parte de la carrera de la banda Howard Leese. Añadamos que David Paich aporta sus teclados en la canción, al igual que en otras tres. Es la más conocida pero no la única, pues el álbum es en su conjunto un cuerno de abundancia artística, de inspiración musical, de clase interpretativa que va imaginando nuevas rutas para la banda, dejándose guiar por la marca que ha ido dejando la huella de sus más de diez años anteriores de carrera y arrastrando el remolque de lo aprendido, como puede apreciarse en la autorreferencial «Blue guitar» o en las zeppelinianas «Johnny Moon», «Together now» o la bellísima «Love mistake». Los nuevos horizontes se hacen visibles en la imprescindible «Language of love» y anudan sus incipientes brotes con las raíces de la banda en «Sleep alone», en la que el estribillo es lección obligada en las clases para sacarse el título de rockero. Heart es una de las grandes bandas de rock de todos los tiempos, creada y dirigida por dos hermanas, dos mujeres que han hecho historia en la música, cuando en el rock no era nada habitual encontrarlas y menos como líderes de una banda de hard rock; por ello son orgulloso ejemplo para todos y todas los que las han seguido y han disfrutado de su creatividad y talento. No rechacemos la ocasión de disfrutar de una de sus obras de arte por una insignificante cuestión de pegatinas genéricas.   HEART: ANN WILSON: Cantante y coros NANCY WILSON: Cantante y coros, guitarra solista y rítmica, guitarra acústica, sintetizadores HOWARD LEESE: Guitarra solista y rítmica, coros, sintetizadores. MARK ANDES: Bajo y coros DENNY CARMASI: Batería