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HAREM SCAREM «Voice Of Reason» (Wea, 1995)

HAREM SCAREM «Voice Of Reason» (Wea, 1995)

XXV ANIVERSARIO. Introspectivo viaje por la artesanía de las emociones.

Por Javi Segura Ruiz.

 

¿Cómo puede llegar a ser tan complicado, (y diría hasta inquietante), que cueste tanto plasmar en palabras los sentimientos que te provoca una música que lleva 25 años formando parte esencial de tu vida?

¿No debería resultar sencillo y que ese efluvio de emociones brotara a flor de piel sin sufrir vértigo por temor a no saber expresar con exactitud lo trascendental que ha supuesto, supone y supondrá siempre para el resto de tus días?

Esa amalgama de sensaciones me ha invadido preparando la reseña de Voice of Reason para ser publicada el día del vigésimo quinto aniversario de su edición.

Y es que el 25 de septiembre de 1995 vio la luz el disco más infravalorado de Harry Hess y Pete Lesperance y los principales motivos de ese mayoritario rechazo de sus fans, (ritmo y letras), requieren un profundo análisis, pues son precisamente algunos de los cuales a otros nos encaminaron a idolatrar tan magna obra.

Poco cabe hablar a estas alturas de lo que supusieron los dos primeros trabajos de Harem Scarem en el mundo del rock melódico, pero con Voice Of Reason mostraron respecto a sus predecesores una acrecentada vocación artística aun manteniendo las constantes vitales que siempre han caracterizado su música; el resultado fue la publicación más controvertida de toda su discografía, (si exceptuamos la época Rubber donde sí dieron un giro radical en el estilo), pero a la vez la que considero sin duda alguna la más impresionante.

El principal hándicap para los seguidores de la banda canadiense a la hora de asimilarla ha sido siempre el tempo ralentizado que caracteriza la casi totalidad de sus composiciones; sin embargo, ese factor es precisamente uno de los más fascinantes para la mayoría de los que la admiramos; esa cadencia lenta ayuda a que penetre más en la conciencia el tema que estás escuchando; puede resultar pesado y aburrido si lo ofrecido carece de calidad y brillantez, pero ni por asomo es aquí el caso, pues las melodías, estrofas y extensos estribillos invitan a ser cantados, a recrearte en su melancólica musicalidad una y otra vez, siendo incapaz de ofrecerles resistencia alguna.

El álbum se impregna de un toque romántico a la vez que sobrio y sus letras son oscuras, densas, intensas y pasionales, impregnadas de la percepción que supone la visión de un destino adverso frecuentemente interrelacionado con el amor fatal o el desamor; los halos de esperanza tan sólo se vislumbran a cuentagotas, como en la irreverencia y rebeldía contra lo establecido del tema homónimo o el afán de superación personal y positividad que desprende la maravillosa «Untouched».

Esa temática recurrente confiere a VOR un tono de obra conceptual sin serlo en sí misma, pues no existe una progresión narrativa entre las canciones pero, a la vez, unas recuerdan y se explican por medio de otras, tanto a nivel lírico como musical, adquiriendo un significado mayor al tomarlas como conjunto; las influencias Queen son más que evidentes para conseguir ese ambiente, y la teatralidad y orquestación mostradas en los coros y guitarras de temas como «Blue», «Warming a Frozen Rose», «Breathing Sand» o «I’ll Be Brief» son fiel reflejo de esas reminiscencias.

Otro dato relevante es que esa estructura compacta se consigue con multitud y variedad de combinaciones, no encontrando un modelo que se repita dos veces en ninguna canción ¡digno de admirar!

La voz de Harold Hess brilla especialmente en sus tonos más graves, (donde siempre se le nota más cómodo), siendo los más utilizados como no podría ser de otro modo en unas creaciones de estas características; especialmente emotiva su desgarrada voz en «Candle» (¡increíble la versión acústica!), y en «Necessary Evil», tema que contrasta musicalmente con el resto de canciones y por ello emplazada como epílogo.

Los coros son otro de los grandes sellos de identidad de los de Ontario y aquí son más indispensables que nunca, pues acompañan a Hess en varias ocasiones a modo de réplica o de diálogo, proporcionando nuevas perspectivas a las letras, como si dichos coros fueran la voz de la conciencia respecto a la voz solista… ¡Magníficos!

Los teclados, sin ser demasiado protagonistas, sí resultan determinantes para recrear la atmósfera VOR, como en la intro de «Warming a Frozen Rose», los melancólicos de «Let It Go» o los más amenazantes de «And That’s All».

¿Y qué decir del gran Peter Lesperance? ¿Puede uno ser comedido alabando lo que parió este músico a las seis cuerdas?

No hay amante de la guitarra, independientemente del estilo musical que sea, que debiera perderse y dejar escapar la oportunidad de escuchar su increíble trabajo en este maravilloso disco.

Lesperance utilizó para la grabación y por primera vez las Gibson Les Paul, modelo al cuál le costó amoldarse un año y medio (especialmente para la interpretación en directo de las partes más rápidas de los temas de Mood Swings), pero del cual reconoció sentirse fascinado por su sonido; esa tonalidad gruesa que caracteriza las Les Paul se vio acrecentada en VOR de manera notable, pues Pete cuadruplicó las rítmicas, (interpretando las mismas notas cuatro veces en el mismo intervalo de tiempo), consiguiendo aún más si cabe unos riffs heavys, poderosos y vibrantes, muy en consonancia con el clima de la obra.

Con la publicación de United, en Ciudadano Rock tuvimos el privilegio de entrevistarle, y nos comentaba que el muro sonoro de Les Paul enterraba las voces; la producción denota un minucioso y laborioso trabajo de estudio, ¡pero sí que es cierta esa impresión de escuchar a Hess casi siempre bastante por debajo de la tormenta de incendiarias guitarras! Que me disculpe Harry y su fantástica voz, pero… ¡Bendito aluvión de Les Pauls!

Las altas cotas de inspiración, técnica y melodía, unido a la considerable extensión de la mayoría de ellos, convierte a los solos en verdaderos pasajes instrumentales, creados con minuciosidad para el contexto que cada tema requiere y donde también queda palpable las influencias que otros guitarristas ejercían sobre Pete en aquella época: la progresividad en el de «Voice of Reason», la elegancia de los sublimes de «Blue» o «Warming a Frozen Rose», el desgarrador de “Candle”, la explosividad brutal en «The Paint Thins», la influencia a ritmo de vals de Nuno Bettencourt en «And That’s All», la orquestación y espacios a lo Brian May en el majestuoso de «Breathing Sand» o la clase de Satriani en el precioso ejecutado en «Untouched».

¡El nivel compositivo de todos y cada uno de ellos es sencillamente abrumador!

Peter Lesperance es uno de los grandes guitarristas de la historia del rock más allá de no ser reconocido como tal, al igual que Voice Of Reason podría considerarse un clásico independientemente de su poca repercusión transcurridos todos estos años.

VOR es mi introspectivo ejercicio de artesanía emocional, un fascinante recorrido delimitado por la piel y la multitud de perpetuas sensaciones que su música estimula, tanto desde la claridad que nace dentro de su muro de oscuridad como el regocijo que provoca su perseverante y mágica melancolía.

VOR narra, sugiere y bebe de la vida.

VOR merece ser redescubierto tras cinco lustros, tanto por todos aquellos que en su día se cerraron en banda contra él como por posibles nuevos oyentes desposeídos de cerumen en sus oídos.

Voice Of Reason es una obra maestra de la música.

¡Feliz Aniversario!

 

HAREM SCAREM - Voice Of Reason Cover
HAREM SCAREM:
HAROLD HESS: Voz y teclados
PETE LESPERANCE: Guitarra, coros y teclados
DARREN SMITH: Batería y coros
MIKE GIONET: Bajo y coros

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