HAREM SCAREM «Chasing Euphoria» (Frontiers Music, 2025)

Es el estilo, no la canción Por José Ramón González.   ¡Tanto tiempo ha pasado! Cinco años ya desde su anterior álbum Change the world. Y pocos días después de haberlos visto en directo en el primer concierto de su gira de presentación me toca intentar reseñar el nuevo trabajo de Harem Scarem, intento fracasado de antemano puesto que esta tarea hasta ahora ha sido desempeñada brillantemente casi en exclusiva por nuestro querido Javi Segura Ruiz, auténtico especialista amante de la banda canadiense. Tengo pocas dudas acerca de que tras más de treinta y cinco años de carrera Harem Scarem no sienten la más mínima preocupación por tratar de alcanzar mayor éxito o repercusión. Ese tiempo ya pasó. Supongo que a lo que aspiran es a hacer lo mejor posible lo que posiblemente saben hacer mejor. Su personalidad y estilo son tan rotundos que estoy convencido de que debe de ser imposible extraerse de ello; no se puede renunciar a lo que se es, y en el caso de los canadienses intentar hacer algo que se aleje de las formas y el estilo que tan bien los representa sería como arrancarse el alma. Independientemente de que decidan virar un poquito más en cada ocasión hacia un subgénero u otro. Los que acompañamos a estos músicos desde su primer disco de 1991, cuando los CD venían en cajitas alargadas, hemos disfrutado y seguido su trayectoria con euforia y frustración casi a partes iguales. No hay un título malo en sus —más o menos, según como se cuenten— dieciséis álbumes, pero siempre les pedimos más, y lo que solemos hacer es encontrar ese más debajo de la, muchas veces, aparente ligereza de sus composiciones, esas canciones que superponen indiscriminada y alegremente el power pop, el modern rock y el hard rock melódico. La maestría de su guitarrista Pete Lesperance y los dos primeros discos del grupo los vinculan a este último subgénero, pero las armonías vocales, las melodías de los estribillos y algunos otros rasgos representativos de otras tendencias hacen su adscripción a uno u otro género difusa y complicada. Quizás por ello han sufrido muchas veces el desprecio de los seguidores más rockeros y la indiferencia del resto. Por otro lado son admirados incondicionalmente por aquellos aficionados desacomplejados y abiertos a la música sin etiquetas. Harem Scarem no es, por todo ello, un grupo cómodo. Tachados en muchas ocasiones de poco empáticos, de presumidos y autosuficientes, no han dejado de regalarnos canciones hermosas, vitalistas, emocionantes y muchos momentos en los que sus superpoderes musicales nos han estremecido. Nuestra vida sin Harem Scarem sería indudablemente más pobre y triste —bien lo sabe Javi—. No importa si su último disco en cada ocasión ha sido mejor o menos mejor; lo importante es que sólo ellos suenan así. Y no es nada fácil construir un estilo, una forma de hacer música que sea reconocible a los pocos segundos de ser escuchada. Si lo pensamos detenidamente no son tantos los que han logrado esa proeza. ¿Cuántas veces hemos escuchado una canción de algún grupo y, por mucho que nos guste, nos ha costado dar con su nombre? Con Harem Scarem eso es inimaginable. En su reciente concierto en Madrid nos «obsequiaron» con unos rácanos y selectos ochenta minutos de su cosecha, satisfactorios en lo musical pero frustrantes en la cantidad. Además de que con dieciséis títulos a sus espaldas no vi necesario invertir parte de esos ochenta minutos en hacer una versión de Bryan Adams cantada por el bajista Mike Vassos. Tampoco me hizo gracia que llevaran coros y efectos grabados —no los necesitan, no los necesito—, lo cual mantenía permanentemente pendiente de la pantallita a Darren Smith y condicionaba el tempo de las canciones y su ejecución —de manera evidente en un par de ellas—, e irritó ligeramente a Hess más de una vez. Tampoco dieron la impresión de llegar demasiado ensayados. No puedo evitar extrañarme ante la pasividad de algunos aficionados frente a esto. Supongo que cuando éstos vean, en verdad por primera vez, el concierto en sus casas en las grabaciones de sus móviles probablemente lo comprueben. Eso no le resta nada de la emoción que sentimos al verlos de nuevo sobre el escenario, al escuchar la inmarcesible voz de Harry Hess y la gloriosa guitarra de Lesperance. Chasing euphoria viene a ser un resalte, una reincidencia en las maneras y estilo de la banda, que da la sensación de haberse desinteresado de la canción en favor del estilo. Las canciones parecen los dos renglones sobre los que escribir con su mejor letra, pero sin salirse de las rayitas. Uno queda maravillado ante la belleza de las formas, el detallismo fulgurante, la destreza interpretativa, la técnica asombrosa. Pero no hay nada que no les hayamos escuchado antes, no hay canciones memorables, de las que se queden grabadas: «Chasing euphoria» —con un solo de Lesperance que empieza a terminar antes de terminar de empezar— y «Wasted years» son dos composiciones que aglomeran la esencia de Harem Scarem; «Better the devil you know» remite a los mejores momentos de su historia con un brillante trabajo de guitarras, incluido un solo magistral y unos coros y melodías que para qué; «Gotta keep you head up», cantada por Darren Smith, reproduce los ritmos que suelen asociarse a las canciones cantadas por el batería, aunque en una línea muy parecida a la que presenta «In a bad way». Me gustan en especial dos de las canciones que están al final del disco: «A falling knife» y «Understand it all», esta última de las que más, en la que la recreación en las voces es puro gozo, aunque tampoco haya asombro ni sorpresa y sí un impagable deleite en la contemplación de las formas. A pesar de todo esto, canciones como «Chasing euphoria» se empeñan en agarrarse fuerte y se sorprende uno tarareándola mientras hace una ensalada para cenar. Ya sé, ya sé… El disco más flojo de Harem Scarem es el doble de bueno que el mejor de la discografía del noventa por ciento de las bandas del estilo. Pero es que, como al alumno que obtiene notables y pensamos que puede sacar dieces, siempre les pedimos más.   HAREM SCAREM: HARRY HESS: Cantante, coros y teclados PETE LESPERANCE: Guitarra y bajo CREIGHTON DOANE: Batería DARREN SMITH: Cantante y coros