DON AIREY «Pushed To The Edge» (earMUSIC, 2025)
Lo nuevo del que no es nuevo Por José Ramón González. Fotos: Franz Schepers. Me reprocha el Jefe que últimamente no le dedicamos espacio en esta humilde casa a los grupos nuevos. «Si al menos no son nuevos, que algunos discos sí lo sean». Su criterio siempre me resulta razonable, aunque en este caso creo que se ha dejado llevar por la alegre corriente de la hipérbole. En las últimas semanas hemos hablado de varias bandas nuevas y de sus nuevas publicaciones, aunque en algunos casos los integrantes de las bandas no lo fueran en el negocio. Cierto es que había un par de discos de los que hacía tiempo me apetecía hablar, por no ser demasiado conocidos pero que me gustan particularmente, y eso le ha entusiasmado poco. Por mi parte, y de ello hay pruebas más que suficientes, estoy encantado de dar con bandas nuevas que le den aire al asunto rockero, y me resisto con bastante terquedad a revolcarme excesivamente en el légamo de la nostalgia. Y ya que hablamos de aire(y), ahora le toca el turno a uno de los menos nuevos pero que trae algo nuevo, pues Pushed to the Edge es lo último de uno de los primeros, Don Airey, teclista de Deep Purple desde hace algo más de veinte años, como lo fue antes de Rainbow en una etapa brillantísima e inolvidable, además de haber trabajado con Black Sabbath, Gary Moore, Ozzy Osbourne, Anthem o haber grabado 1987 de Whitesnake —además de que su instrumento y arreglos (mas no su nombre) son los que suenan en trabajos en los que eran difíciles de encajar como en Painkiller de Judas Priest, y lo hace de un modo magistral—. Dudo seriamente que sean muchos los jovencitos capaces de lanzar un torpedo del calibre de Pushed to the Edge. Lo digo porque llama mucho la atención, sorprende, viniendo de un músico con su venerable edad, que sea un disco tan heavy, tan potente, desde su arranque como un miura al abrir los toriles con unas guitarras de Simon McBride a tope de distorsión. Y no sólo es por la potencia, sino por la indiscutible calidad y sabiduría que el maestro de las teclas imprime a su obra. Airey está muy bien acompañado, no sólo por su ahora compañero en Deep Purple, Simon McBride —de quien algunos decían que no se lucía en absoluto en el último álbum de la banda: pues aquí se despacha pero bien a gusto con unos solos que cortan el aliento—; ahí están dos excelentes cantantes: Carl Sentance y el desconocido, al menos para mí, Mitchel Emms —procedente de un concurso de televisión de estos de cantar, según informan—, quienes se reparten el trabajo en las canciones de las que cada uno es coautor; Dave Marks está al bajo y Jon Finnigan a la batería. Las canciones interpretadas por Emms muestran una marcada querencia por la melodía, más que evidente por ejemplo en la magnífica «Moon rising», o en «Power of change» y sus melodías orientales, muy presentes, por cierto, en muchas partes del disco; unos aires que son huracanados en «Rock the melody». Por su parte, Sentance hace un admirable trabajo, mucho más apreciable cuanta más atención se le presta, llegando incluso en algunas de las canciones a recordar a Ian Gillan, probablemente fruto de que algunas composiciones nos suenen a su banda madre y eso nos impulse inconscientemente a metamorfosearlo al pasar a través de nuestros oídos y nuestro cerebro. Espectaculares me resultan los casi siete minutos y medio de «Godz of war», con unos aires zeppelinianos a lo «Kashmir», aunque los diferentes cambios de ritmo y transiciones la van llevando por caminos variados y complejos, con mucho desarrollo instrumental para lucimiento particularmente de Airey y McBride. Tampoco es nada despreciable la potente y muy melódica «Edge of reality» compuesta por Emms junto a los dos anteriormente mencionados. Otra de las que me gustan mucho es «Out of focus». La segunda parte, en concreto después de los dos primeros minutos, sé que a muchos les sonará a Deep Purple —y suena, no sólo en esa sección—, pero a lo que a mí me recuerda enormemente es a los primeros Kansas, sobre todo a las composiciones de Kerry Livgren, y a algunos discos de Livgren en solitario, especialmente en las melodías finales de la voz. En ésta McBride está soberbio a la vez que Finnigan y Marks lo acompañan impecablemente. Muy deslumbrante es «They keep on running» con un ritmo de marcha que se adhiere al cerebro sin remedio y un Carl Sentance cantando de un modo que deja ojoplático, un cantante capaz de adoptar magistralmente registros y estilo delicados en una canción como la suave «Flame in the water» que, por otra parte, requiere también no poca potencia para inocularle la intensidad que pide; y eso que en el último cuarto de la canción abandona la tranquilidad para incluir un pasaje instrumental que aporta cierta sensación de desgarro. De tipo pausado es también la breve instrumental «Girl from Highland park». Otra instrumental es la encargada de cerrar el trabajo, una especie de jam que parece un ejercicio de improvisaciones, tan sencilla que resulta irresistible. Push to the Edge no me parece un disco concebido como entretenimiento ni como un trabajo improvisado o precipitado, ni algo para rellenar el tiempo ocioso de su autor. Me da la sensación de que es algo que Airey tenía ganas de sacarse, de transmitir, por lo coherente del conjunto, por lo diferente que es a lo que hace con Deep Purple y por la complejidad y la admirable construcción de las composiciones. Por ello creo que es un álbum que no debería despistarse del radar de los buenos aficionados. Ya se sabe que los maestros no dan puntada sin hilo. DON AIREY: Teclados, gong CARL SENTANCE: Cantante MITCHEL EMMS: Cantante SIMON MCBRIDE: Guitarra DAVE MARKS: Bajo JON FINNIGAN: Batería, percusión STEVE BENTLEY-KLEIN: Cuerdas, trompeta
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