Transparencias

CAROL (Todd Haynes, 2015)

CAROL (Todd Haynes, 2015)

Detrás de los cristales empañados.

Por José Ramón González.

 

Hay gestos que cuentan una historia entera, o una vida entera, y eso Todd Haynes lo sabe. Como también lo sabía David Lean cuando rodó una de sus obras maestras, Breve encuentro (1949), aquella romántica y triste historia de un adulterio. Al comienzo de esa película descubrimos, casi de pasada, a un hombre y una mujer sentados a la mesa de la cafetería de una estación. Cuando llega una conocida de ella, una cotorra insoportable, él se disculpa porque debe marcharse. Al hacerlo, le pone a la mujer con la que estaba la mano sobre el hombro unos brevísimos segundos. No se dicen nada más. No es necesario.

Haynes reproduce esa misma escena al comienzo de Carol, y al hacerlo, además de rendir un homenaje al maestro, universaliza las relaciones amorosas, pues en este caso no se trata de un hombre y una mujer, sino de dos mujeres enamoradas. Las barreras que las separan quedan borradas por medio del lenguaje cinematográfico. Y eso que las barreras son muchas: prejuicios sociales, diferencia de edad, de posición económica. La mayor y mejor situada, Carol (Cate Blanchett), se está divorciando de su marido; Therese (Rooney Mara) tiene que comprender lo que le está sucediendo y tratar de ordenar su vida, ya que su novio la presiona para que se casen.

En esta película hacen falta muy pocas palabras, pues las imágenes son tan poderosas, tan cuidadas, tan expresivas que es necesario muy poco más. La música de Carter Burwell envuelve al espectador desde el comienzo, la historia atrapa a los pocos segundos, y a partir de ahí uno sabe que está asistiendo a algo subyugante, porque lo está sintiendo.

En esta historia, basada en la novela de Patricia Highsmith ambientada en los años cincuenta, estas dos mujeres deben ocultar lo que sienten, lo que son, interpretar con frialdad el papel que se les ha asignado y no dejar que la pasión, las emociones, se vean. Por eso, observamos frecuentemente a Carol y a Therese detrás de cristales, de ventanas, de escaparates que están mojados por la lluvia o la nieve. Sin embargo, en una escena en la que suben las dos a un coche, Haynes nos regala un detalle de generosa sensibilidad, de impactante fisicidad cuando a los pocos segundos de que esas dos mujeres estén juntas, los cristales se empañan por el calor que hay dentro. A partir de ahí lo vamos a contemplar en varias ocasiones.

El calor se queda dentro, y fuera un mundo de convenciones y apariencias. Nieva constantemente, y eso que la nieve también aparece en la película asociada a momentos positivos. El frío bajo el que se desarrolla la historia de Carol no oculta –otra vez esta palabra– la pasión auténtica, intensa que viven sus dos protagonistas. Tan privada y secreta, que el espectador se siente un intruso en la escena que protagonizan en la habitación de un hotel.

El marido de Carol, Harge (Kyle Chandler), no lo entiende, no está preparado para aceptar esa situación. Y reacciona de forma desesperada, cruel a veces, triste casi siempre. El novio de Therese, más joven, reacciona de un modo parecido. Y Abby (Sarah Paulson), la amiga de Carol, lo explica de forma sencilla, aunque definitiva cuando Therese se siente culpable: “Nadie tiene la culpa”.

Detalles y más detalles, narrativos, estéticos, emocionales rebosan en la película de Haynes. Uno de ellos, de tantos, se produce cuando Therese se mira frente a dos espejos en un cuarto de baño en un momento importante de la historia, pero sólo se refleja en uno. Y el espectador no puede parpadear porque tiene miedo a perderse algo, porque va entendiendo, va comprendiendo, y quiere que lo auténtico triunfe, que los prejuicios desaparezcan, que la vida palpite, fluya y permita que las personas enamoradas sean felices, porque lo merecen, es lo natural, aunque la sociedad no esté preparada y un poco de sufrimiento sea necesario para conseguirlo, para entender.

 

CrlIntérpretes:
Cate Blanchett
Rooney Mara
Kyle Chandler
Sarah Paulson
Cory Michael Smith
Carrie Brownstein
John Magard
Guión:
Phyllis Nagy (Basado en la novela de Patricia Highsmith)
Música:
Carter Burwell
Fotografía:
Edward Lachman

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2 Comentarios

  1. Consigues devolvernos toda la sensibilidad de esta obra maestra del cine y la literatura. Y recrear de nuevo esos gestos que lo son todo en esta excepcional historia de amor, me atrevería a decir, que intemporal.

    Responder
  2. Imagen de perfil de Joserra

    Gracias Ana. El mérito de eso es todo de la película.

    Para mí también, si no es una obra maestra, como poco es una auténtica obra de arte.

    Responder

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