EN EL CALOR DE LA NOCHE (In The Heat Of The Night. Norman Jewison, 1967)

El pasado presente. Por José Ramón González.   Cuando vemos una película como En el calor de la noche, estrenada en 1967, tendemos a pensar que lo que se cuenta en ella refleja la realidad de una parte de la sociedad de EEUU en aquel momento, hechos y actitudes sociales de un período que ya ha quedado atrás. Pero la realidad es muy tozuda, no quiere desaparecer cuando su tiempo ha pasado, y parece empeñarse en seguir existiendo… más de cincuenta años después. Pero la realidad también tiene debilidades. Una de ellas es que no es tan fácil de entender, y para ello la ficción nos ayuda, como tantas veces, a comprenderla y, lo que es igual de importante, a sentirla. Cualquiera que termine de ver la película de Norman Jewison y recuerde, por ejemplo, que sólo un año después fue asesinado Martin Luther King, no dejará de sentir una sacudida inevitable en su conciencia, y recordará la escena más celebrada de la película, aquella en la que Virgil Tipps (Sidney Poitier) le devuelve una bofetada al potentado Endicott (Larry Gates). ¿Las cosas ya habían cambiado en aquel momento? En el calor de la noche cuenta cómo en Sparta, una localidad del sur en Mississippi, aparece asesinado un empresario que pretendía montar una fábrica que daría empleo a cientos de personas del lugar, entre ellas a muchos de los ciudadanos negros que aún trabajan recogiendo algodón en los campos de Endicott. Estamos a mediados de 1960. Al comienzo de la película la oscuridad de la noche se va rompiendo por la luz de un tren en el que viaja Tipps, ilustración metafórica, hasta llegar a la estación de Sparta. Tipps, un hombre negro que espera en la estación la llegada de otro tren, es arrestado como sospechoso sin ser interrogado, principalmente por su color de piel aunque también por ser un desconocido. Pero Virgil Tipps revela más tarde su identidad: es un policía especialista en homicidios. Esto sería suficiente para que los prejuicios empezaran a mearse encima de vergüenza, pero son duros, tercos y poco flexibles; su amiga realidad ya se encarga de demostrarlo. Virgil, en un ambiente abiertamente hostil, racista, debe quedarse para ayudar a esclarecer el asesinato, al principio por obligación, después como asunto personal. El personaje que sirve de contrapunto al de Poitier es el del Rod Steiger, que interpreta a Gillespie, el jefe de policía. Entre ellos se desarrolla una relación que ilustra, de manera progresiva y con mucho interés, los principios de odio racial enraizados en algunas partes de Estados Unidos. Frente a estos está el descubrimiento de la individualidad, de la otra persona, y al mismo tiempo de uno mismo. Así, Tipps se enfrenta al mismo tiempo a sus vulnerabilidades e impulsos al comprobar que ni siquiera su formación o el reconocimiento profesional del que ha sido objeto son suficiente evidencia para cambiar a una parte de una sociedad podrida en sus principios humanos. La película ganó, quizás algo exageradamente, cinco premios Óscar, entre ellos el de mejor película, en el año en el que, muy llamativamente, competía con otra de temática muy cercana, Adivina quién viene esta noche (Guess who’s coming to dinner. Stanley Kramer, 1967) y protagonizada también por Poitier. La escena por la que es especialmente recordada En el calor de la noche es por contener, con permiso de Gilda, una de las bofetadas más famosas de la historia del cine. En ella se representa un momento tremendamente simbólico, uno que debería dejar claro el momento que se estaba viviendo, y que refleja que había llegado la hora de terminar con un hecho repugnante que llevaba demasiado tiempo arrastrándose. Más que un golpe en la mesa es una bofetada en la cara de la intolerancia, del odio, del racismo, de la prepotencia de esa sociedad blanca del sur que aún no había entendido nada, ni quería ni tenía interés en hacerlo. Al mismo tiempo es un golpe de reivindicación, la bofetada que iguala a los hombres. La secuencia se inicia cuando Tipps y Gillespie se dirigen a ver al poderoso Endicott para interrogarlo. Antes de llegar a su mansión bordean en coche sus campos de algodón mientras escuchamos a Ray Charles cantar «In the heat of the night». Tipps se fija en los negros que trabajan en él: son como él pero no son iguales. Ese espejo deformante también deja ver una línea temporal que coincide irracionalmente en un punto, en ese punto; el presente y el pasado que se niega a serlo empeñado en seguir siendo presente. Cuando llegan ante Endicott, acompañados por un sirviente negro de cierta edad ―otro que está al otro extremo de la línea temporal e histórica―, y tras pasar ante un ridículo muñeco negro que les da la bienvenida, éste se encuentra cuidando sus plantas y flores en un invernadero. Endicott trata a Virgil con aparente cortesía ―probablemente sabía que iban a visitarlo― aunque denota no poca condescendencia, y se sorprende de que Virgil entienda de flores. Comienza un juego de rodeos que se representa visualmente alrededor de una de las mesas llenas de flores y plantas, una escena de esas que se puede comprender sin necesidad de diálogos, aunque éstos sean muy importantes en ella. Hablan de especies rodeando la mesa, uno a cada extremo, evitando tratar directamente el asunto del que Virgil y Gillespie han ido a hablar. Situados uno a cada extremo, Encidott compara cómo hay que tratar a una especie de orquídea que gusta particularmente a Virgil con cómo se trata a los negros ―«hay que cuidarlos, alimentarlos y cultivarlos »―, para afirmar posteriormente que «eso es algo que algunas personas no comprenden». Cuando abandona la mesa, finalmente Virgil encara el asunto y, mientras Endicott se acerca a él, le explica que quieren interrogarlo porque todo el mundo conoce su manera de pensar y que es una persona que no lamentaría precisamente la muerte del Colbert. En ese momento Endicott, terriblemente ofendido por ser objeto de un interrogatorio por el policía negro, le propina un bofetada a la que inmediatamente, sin dudar un instante, responde Virgil. Gillespie se queda inmóvil, deja de mascar su inagotable chicle, y Virgil abandona el lugar. La escena, excelentemente resuelta, se cierra con el sirviente negro mirando a Endicott y niega con la cabeza reprobando ingenuamente la actitud de Virgil, lo que crea un atrevido contrapunto cómico. Se cuenta que en las proyecciones de la película los espectadores negros aplaudían la bofetada de Virgil. La secuencia termina con una estupenda revelación, que es la que tiene Gillespie con respecto a Virgil, y al mismo tiempo la que tiene el propio Virgil respecto a sí mismo. Gillespie sabe que Virgil está en peligro, que se tiene que marchar. La escena se desarrolla en un tono alto y con frases rápidas, con los dos personajes nerviosos bajo el sol de un calurosísimo día. Virgil le pide veinticuatro horas «y acabaré con ese ricachón, lo bajaré de su pedestal». Gillespie, de repente, ve al hombre debajo del traje, ve a la persona y no al profesional número uno de su promoción. «Vaya, así que eres igual que el resto», le dice casi asombrado tras ver su lado humano, su debilidad. Del mismo modo, Virgil se ha reconocido como el hombre negro debajo del traje, porque su categoría profesional no le ha servido con el hombre blanco que lo ha abofeteado. Y de repente, la línea temporal, histórica, que separaba al negro que recogía algodón hace unos minutos del que lleva el traje se rompe, deja de existir. Esa misma línea es la que une In the heat of the night con 2020 y las calles de muchas ciudades de Estados Unidos. Ese diálogo va a reconducir la relación de los personajes hasta llevarlos a la última escena de la película: la de Gillespie llevando la maleta de Virgil cuando lo acompaña a la estación como un acto de respeto, de justicia, de reconocimiento, de igualdad. Una imagen que explica toda una historia, la personal y la que debería ser universal, la que a pesar de ser tan elemental algunos no han entendido, ni quieren, ni tienen interés en hacerlo. Intérpretes: Sidney Poitier Rod Steiger Warren Oates Lee Grant Quentin Dean Guión: Stirling Silliphant (Basado en la novella de John Ball) Música: Quincey Jones Fotografía: Haskell Wexler