Trasplante
Por José Ramón González.
Fotos: Mario Olmos.
Hacer rock americano de raíces en España, acariciando los seductores contornos setenteros y psicodélicos (y no digamos ya si incluyen las sacudidas salvajes del rock sureño) y esperar que alguien preste atención es un acto tan ingenuo como creer eso que decían muchos durante la pandemia de que «de esta vamos a salir mejores». Es ingenuo, sí, pero debo admitir que también enternecedor. E indiscutiblemente admirable.
Desconocía la existencia del primer álbum que la banda publicó en 2018, First Flight, al que ahora he llegado gracias a haber tenido noticia de la publicación de este nuevo trabajo. Fly on es un álbum de raíces americanas, como dije al comienzo, en el que se aglutinan muchas de las diferentes vertientes del rock: soul, psicodelia, sureño…, algo que se no puede ejecutar de manera convincente si no se dispone del bagaje necesario y de unos músicos capaces, no de recrear el estilo, sino de hacerlo suyo, de manera que sea creíble, auténtico, que es lo que me parece más complicado y, precisamente, lo que consiguen Silverflame en este nuevo disco. Cuentan con un factor fundamental que es la voz de Sheila Endekos: sugerente, emotiva, seductora y con garra. Y con unas canciones con vida propia que se escuchan sin tener la sensación de que su provecho se ha agotado al terminar; al contrario, son canciones que parecen regenerarse con cada escucha.
El sonido está logradísimo: las guitarras de Jep Vilaplana y Jordi Turon parecen sacadas del polvo del desierto de un videoclip de ZZ Top, el bajo de Javi Galván serpentea como un reptil entre las rocas en Texas y la riqueza de los golpes de la batería de Jordi Vila resuenan como si el kit estuviese encajado en medio del cañón del Colorado. Al conjunto le han añadido unas monedas encontradas a los pies de un esqueleto abandonado en forma de teclado de quien Fran Esquiaga es responsable y que, una vez escuchado el disco, te hace creer que las canciones son inconcebibles sin él. Pero lo que más aplaudible resulta es que hayan logrado que cada canción vuele y se sostenga planeando con la naturalidad y la inocencia de un infante. Sus ocho canciones apuestan por la honestidad y la convicción, por el hundimiento a todo o nada en una tierra que no les es natural pero cuyas raíces que han logrado trasplantar en un espacio en el que a base de atenciones, perseverancia y amor por lo que hacen, han obtenido unos brotes así de hermosos: este álbum.
Toda la riqueza, la capacidad estimulante y de gozo que genera esta música está presente desde la apertura con «Some more blues», en la que se cuelan coros a modo de respuesta góspel en medio de una composición de aires The Black Crowes. Saben modular las intensidades como si llevaran grabada media docena de discos en la admirable «Here for nothing»; el giro pasada la mitad de «Fly on!» es hacer la curva perfecta bajando un puerto, aunque para carretera nada mejor que la potente y variadísima «Echoes of the void», una de las más logradas del álbum y en la que si rascamos un poco encontramos restos de lo que hacían Deep Purple o Uriah Heep en los primeros setenta. Tampoco se quedan cortos cuando deciden moverse en terrenos más hardrockeros como en «Nightime lover». Rozan la excelencia con un pedazo de balada de aires country en la que logran lo casi imposible, que es clavar una canción de aires clásicos —los últimos dos minutos son vibrantes con unos coros que me encantan por su sencillez—: «Forbidden innocence». Las canciones de Silverflame tienen sustancia, un desarrollo y una progresión que crece sin perder densidad, sus notas y acordes suscitan la creación de un ambiente evocador.
Uno lamenta dos cosas con este álbum: que no se haya beneficiado de una producción de esas que se hacían antes para que hubiese lucido como se merece y que, según el comunicado de la banda, el disco se lance en formato digital y en una edición limitada en vinilo que sólo puede adquirirse en sus conciertos.

SILVERFLAME:
SHEILA ENDEKOS: Cantante
JEP VILAPLANA: Guitarra, mandolina, coros
JORDI TURON: Guitarra, coros
FRAN ESQUIAGA: Teclados, coros
JAVI GALVÁN: Bajo, coros
JORDI VILA: Batería, percusión, coros